Hay una tradición literaria tan antigua como la existencia misma de la escritura: la de la exploración lírica de las intimidades desde una mirada femenina. En esa línea se incardina la producción poética de María Evangelina Vázquez, que remitió estos poemas para la sección Postulados. 

 

Educación física (las jugadoras)

La mujer es la loba de la mujer

Conservo esta imagen de mis años de colegio:
una chica flacucha y dientuda mira el cielo
mientras las de piernas macizas
como animales
se pasan la pelota con el palo de un lado al otro
La profesora grita
quiere que me compenetre

Yo miro de reojo a esas criaturas
voraces corriendo por el césped
con locura obsesionadas
por obtener esa pelota

No entiendo por qué tanto grito
tanta vehemencia
Si tan solo pudiera quedarme
eternamente mirando el cielo
observando sus matices detenida
en la forma de las nubes
pero ellas gritan quieren
que haga algo que me mueva

Estas chicas tienen espíritu de equipo
que para mí es el mayor enemigo
del espíritu a secas
Saltan se abrazan se contorsionan
y yo miro callada esas demostraciones de alegría
ante el gol

A mí todo me da igual en ese campo
verde y llano
donde se exterminan las flores que crecen
fuera
del área permitida

 

Vestuario

Algunas chicas
se pasean desnudas
yo no doy abasto con la toalla para cubrirme

la cortina de la ducha no cierra bien

No me quiero baña

Prefiero estar transpirada
Salada
Cubierta de tierra y pasto

Las chicas andan de aquí para allá
depilándose con sus pinzas
intercambian valiosos consejos de belleza
que han leído en la revista Seventeen

Las profesoras revisan las toallas
tengo pánico de que me descubran

La mía está inmaculada;
la mojo
y me mojo el pelo

Siento que las profesoras
vigilan también mi alma
Me huelen todo el cuerpo
buscan manchas

Pero nunca sabrán
si de verdad
estoy mojada
o es solo un vestido de agua
lo que llevo puesto

 

El poema es

Eso que tiene el silencio
cuando nos posamos en sus manos
y respiramos un aire frío
que se encuentra con nuestro calor

Respiramos
y por un momento
hacemos solo eso:

la poesía
respirar en silencio

nuestra voz
se vuelca en la palabras
y suena por dentro
vibra
esa piedra
deja ondas en el estanque del lenguaje

las palabras son esa toalla
que no nos cubre bien
quedamos al desnudo

nuestra carne las atraviesa
y habla por nosotros
hasta convertirnos
en pura intemperie

el poema es ese desnudo
involuntario
cuando lo único que queremos hacer
es cubrirnos

y la toalla se cae una y otra vez
mientras los otros miran nuestros ademanes
nuestros intentos por reconstruir
la pose

y la gran paradoja es
que aquello que nos deja al descubierto
puede ser justo el traje
que estábamos buscando

 

Damas de honor

Estábamos vestidas de rosa
Las damas de honor y yo
Y teníamos un vestido muy parecido
las cuatro
digo ellas y yo
aunque yo no pertenecía a esa casta sagrada
La organizadora de la boda
me preguntó si era una de las damas de honor
y en ese momento comprendí:
yo no había sido elegida
para acompañar a la novia en su gloria
no soy la dama de honor, me dije
soy la dama de la deshonra
Lamenté en ese instante
mi vestido rosa y para colmo de modelo similar
al de las damas

Soy la extranjera
la que genera sospechas
La que todos miran de costado
porque no quiere formar parte

Prefiero ser solo la espectadora
de una pintura que se dilata y
amenaza con incluirme o devorarme

 

Baile bestial

Yo me resisto,
en la calle de los ahorcados,
a acatar la orden
de ser tibia y cautelosa,
de asirme a la seguridad,
de acomodarme en la costumbre
de usar reloj y placidez.
Amelia Biagioni

Me querés ahogar
Me querés vestir de novia,

Querés coronar mi vestido
con flores blancas

Preciosas

con miradas que complacen
y cabezas que asienten

Pero yo no puedo consentir
Sólo puedo sentir

Mis labios no quieren fingir para vos

la novia sonríe y sonríe
Baila y sonríe
y está llena de flores
(de cardos disfrazados de flores)

La novia consiente:
lo acepta para amarlo y respetarlo hasta su muerte

Él le arranca el vestido blanco para comer su carne y su piel

Y la novia sonríe para la cámara
piensa: “Qué bello es mi vestido”

 

María Evangelina Vázquez es periodista y poeta. Se desempeña como redactora en los sitios web de cultura Leedor, Martin Wullich, Indie Hoy y El gran otro. Se recibió de la Licenciatura en Periodismo con una tesina sobre el periodismo cultural. Suele reseñar obras de teatro, cine, libros y muestras de arte y hacer entrevistas relacionadas con temas culturales. Ha realizado cursos en diversas instituciones como el Centro Cultural Rojas, el Instituto Mallea, la Asociación de Amigos del Bellas Artes, el Centro Cultural de España en Buenos Aires, el Centro Cultural San Martín. Estudió arte y filosofía con Lucas Soares; taller literario con Ariel Bermani, Adriana Santa Cruz, Romina Freschi  y Juan Moris; literatura inglesa con Carlos Gamerro y Daniel Ferreyra; literatura argentina con Osvaldo Beker. Paralelamente, se forma como cantante y está cursando una especialización en curaduría de arte contemporáneo. Sus poemas se han publicado en Revista Qu (Revista de relatos) y en el blog de la revista Sophia. Ha participado de la antología Ceremonias de la luz del Centro de Estudios Poéticos Aletheia (dirigido por Graciela Maturo) y también del libro colectivo de crónicas En primera persona.

Postulados es la sección que recoge los textos enviados de modo espontáneo por los lectores de penúltiMa y que han sido aprobados por el equipo de la revista para ser publicados.

La fotografía que ilustra el texto es obra del japonés Junku Nishimura, su trabajo puede ser disfrutado en su página web: http://www.junkunishimura.com/