La imagen no tiene el por qué ser un icono, puede estar hecha de pinceladas de palabras, emulsiones de sintaxis, volúmenes léxicos. Eso es algo que sabe bien un poeta, uno como Javier Payeras, que se atreve a trazar imágenes más allá de la cárcel de los géneros.

 

“ Aquel que se libera de deseos
contempla la secreta perfección.
Aquel que se llena de deseos
contempla solamente sus fronteras”
TAO TE KING, La Tzu

 “Ha terminado la muerte -se dijo a sí mismo-. No existe ya”
LA MUERTE DE IVÁN ILICH, León Tolstoi

 “Para comprender la propia vida hay que ir a buscarla a la fuente y por tanto convertirnos en nuestro propio creador”
CARTA AL DOCTOR GASTÓN FERDIERE DESDE RODEZ, Antonin Artaud

 

Un vacío que se llena con ideas.
Un olvido tras otro. Un comienzo tras otro.
Corredores llenos de frases hechas. Sin anestesia para la ansiedad.
La noche crece y aplasta la tarde.
El diario de hoy (mis discos), tomo aire.
Tanto por hacer y aún así me escondo en el rincón más oscuro.

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Errores hechos error. Libros y equivocaciones.
Vergüenza a solas.
No aprendí que la sabiduría comienza equilibrando el silencio.
Dejándose morir antes de nacer.

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Estoy  al este del paraíso en un lugar que está al este de cualquier paraíso posible.

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Ausentarse del cuerpo, como quien se esconde de su impureza.
Cuerpo celeste.

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Control.
La tenue opacidad se hace cuerpo. La calle está lista. Saldré para que mis ganas de ausentarme me lleven hasta mi casa. Pero la forma verbal de ese avanzar es dolor sólido. Tener control y sentir menos largo el camino. Desierto. Mi ánimo resiste, pero a veces hace crack, como una caña de bambú. El radio en los restaurantes. Mi novela incompleta. Sentirme menos escritor que antes. Comenzar otro inicio y no otro final. El recorrido de los fantasmas atravesando la vibración del teléfono. El sueño de leer todos los libros de la estantería. Ese combustible, la calma, la deseada calma.

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Y dejar de sentir miedo
y dejar de sentir
miedo.

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De vuelta.
Orilla de pasillos y pasillos.
Música, ojos resecos, noches sin parpadear.

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Nada más que normal.
Demasiada T.V. de mi infancia. Mi sonrisa no dura más de 10 minutos y luego comienza la desfiguración.
El cuerpo no es dócil a la felicidad.
El mundo más claro es el de un escenario listo para permanecer un día y seguir de largo hacia una mañana soleada en otro sitio.
El tiempo entre uno y otro vaso.

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Paso un lunes sin palabras.
Artefactos opacos, utensilios para contener demasiadas visiones.
La necesaria fortaleza de la soledad. Necesaria para desplazarse por la 6ta Avenida. Llegar a este sitio. Tomarme un café. Estar sin estar. Ver involuntariamente hacia todos lados. Tomar fuerza y seguir.
Hace tantos días que no me siento en calma.
Todo es un rumbo. Hallar el mío entre este tumulto de gente.

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Intensidad del tacto interior: se puede ser 2 al mismo tiempo.
El minuto de las transparencias.
Eso que prevalece, el material del deseo.
Ser libre para no ver la noche.

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El girasol tiene el tallo roto. Lo dejé para que supieras que estuve.

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Aire que raspa la piel de un micrófono.
El sonido entra en batalla con el desánimo.
Leo el hexagrama que pido. Un mensaje para la oscuridad.
Observo. Escucho. Me mantengo en silencio.
La poesía llega.

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Las hojas del árbol del patio se mecen y yo las envidio.

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La lluvia adentro. Cáscara dura, el rostro, repello de días peores.

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Risas alrededor y yo soy el tipo más extraño sentado en el restaurante.

Es la miseria de las siete en punto.

La última resaca de un adiós desde adentro.

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Leer es escribir una antología del mundo para sí mismo.

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Correr la cortina y ver la vida como un paisaje desde los ojos de una estatua.

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Se va la luz y hay tormenta eléctrica y tempestad.  Mienten los débiles. Mienten los que se quedan solos. Mienten los que viven rodeados de gente. Mienten los que exigen una verdad. Mienten los de corazón recto como la línea en un papel o el diseño de una calle.

 

Javier Payeras

Ya sea como narrador o poeta, la obra de Javier Payeras (Ciudad de Guatemala, 1974) es un referente de la literatura centroamericana. Sobre todo por ser una figura central de la Generación guatemalteca de la posguerra, que reflejó las consecuencias del conflicto armado que asoló el país durante décadas. Su obra se extiende por diversos géneros: poesía, narrativa, dramaturgia e, incluso, libros objetos y performance poéticas.

Personae es la sección que habla, como su nombre indica, de las máscaras, tanto las ajenas como la propia, porque todo texto autobiográfico está preñado de ficción y todos los textos ficcionales han brotado de las semillas de nuestra experiencia. Muchas veces la mejor máscara es la del rostro propio.

La imagen que ilustra este texto es del fotógrafo estadounidense Noah Kalina, su trabajo puede admirarse en su web http://noahkalina.com