Le ofrecemos al lector inquieto una selección realizada por su propia autora de los poemas incluidos en el más reciente poemario de Valeria Correa Fiz, Museo de pérdidas, editado por la editorial canaria La Palma, que puede encontrarse ya en las más selectas librerías, en las secciones de poesía. En las secciones de poesía de las de toda la vida, vamos, no en las pilas de textos publicados por editores desvergonzados que atribuyen a instagramers o tuiteros. Los que tratan a menudo con la poesía ya saben dónde encontrarla.

 

EXILIO

No duele
la noche de la carne ni el cardo
en las heridas.

Duele en los tendones el saber
que no hay
adonde regresar.

No hay cuerpo que aguante esa distancia.

 

FUERZAS DE FLAQUEZA

Por el túnel grave de la noche
en negro copiosa
llego yo al fondo de tu sueño
y abrazo tu cuerpo y tus miembros tristes
que duermen con ella,
que sueñan sin mí.

Los que son capaces de contener el deseo
que puede destruirlos,
¿son más fuertes que nosotros?

¿O es acaso su deseo

más débil que el nuestro?

 

HOTELES IMPRECISOS

Me gustan las cosas que otros rechazan:
las bolsas de náilon que vuelan los días de tormenta,
la semilla desnuda por la rapacidad del pico,
las grúas quietas (tanto óxido repentino en la constancia de la intemperie);
tu risa exagerada en un garito escondido, tus manos ásperas (quieto, quieto);
la hipérbole, el drama, el frenesí de tus excesos;
la comida recalentada, la lluvia idiota del Norte de España,
el olor a tienda de mascotas de nuestra cama en todos los hoteles furtivos después del sexo;
las colillas platónicas de los cigarros que no fumas en todos los ceniceros,
tu ropa arrugada (la ropa nos duele y por eso la arrancamos) en el centro de un poema.

Me gusta el revés de lo que nadie mira
y lo curvo (tu nariz napoleónica)
y lo que nadie sabe (caballo de Troya):
que me despeines, que me despeines, que me despeines (quieto, quieto),
Me gusta hasta tu nuca

que pasa fugaz por todos los espejos cuando ella te llama

y te alzas (ahora corres)
abandonas la cama y el hotel
hacia un alba remota,
lejos de mí.

¿Quién no desea acaso lo que ha desaparecido?

PLEGARIA SALVAJE

Ven a mí, no te encierres, ni me des tregua,
no permitas que duerma
o sueñe.

Desespérame.
No seas sonrisa, pan ni guante.
Sé un ángel y una bestia enfurecidos: fauces, saliva, plumas.

Que cada dolor y sacrificio en mi carne
seas tú (tajo, sangre y cicatriz)
que vuelves.

No te encierres, embísteme.
Pulsa mis nervios con tus pezuñas.
En plena luz del día, ciégame, hazme escamas.

Corta mi lengua, mi carne, dame todas sus espinas
Que con cada corte tuyo yo renaceré

   lentamente.

Sea para mí la liturgia de tu furia,
lo que a nadie enseñas,
lo que escondes hasta el hueso (cal, lágrimas ácidas).

Oblígame a saber quién soy.

Oblígate a pronunciar por fin tu nombre

   entre mis piernas.

ÉRASE UNA VEZ ARGENTINA (1976-1983)

¿Es un jardín cuando las estatuas están rotas?

De la fuente que hila lenta el agua, emerge el primero.
Lleva restos de espuma en la boca,
la piel enhebrada de cicatrices.
Uno a uno, emergen los cuerpos empapados.
La carne expoliada por la tortura y el agua.
Yo que había venido aquí a rendirme como un animal sin lengua, tengo que contarlos. Escribo:

Son miles los ahogados.

Saquean el jardín: cortan
el perfume de las flores de plástico,
ahogan la simiente sin sombra.
Con la furia de Herodes, decapitan las tortugas de agua.
Quiebran el pico de los mirlos a pila y los despluman.
Danzan.
Sus cabelleras flamean verticales como si el pelo les ondeara aún en el río.

Son la pústula y el esparadrapo.

Los ahogados soplan una música de costras.
Su canto aja las camas de los que duermen.
Los insomnes recogen magnolias salvajes bajo
el mercurio de la luna hasta que amanece.

¿Es un jardín cuando las abejas sin flores zumban el nombre eléctrico de los asesinos?

 

 

ARS POETICA

Escribo (trabajo sucio contra el olvido)[1]
acerca de
lo real devastado.
Canto la endecha (extraña danza)
de un mundo
perdido o que agoniza:
Y todo vuelve a ser (real)
cuando lo nombro.

Me lo quitarán todo,
menos
el misterio de la voz que me escribe.

 

[1] ¿Es la letra el pasadizo entre lo invisible y lo visible?

 

Fotografía de Isabel Wagemann

Valeria Correa Fiz (Rosario, Argentina) es abogada y autora del libro de relatos La condición animal (Páginas de Espuma, 2016), que fue seleccionado para el IV Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez y finalista del Premio Setenil 2017, y de los poemarios El álbum oscuro, distinguido con el I Premio de Poesía Manuel del Cabral, 2016, El invierno a deshoras (Hiperión, 2017), merecedor del XI Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez y Museo de pérdidas (Ediciones La Palma, 2020). Sus relatos han sido recogidos en diversas antologías y traducidos al inglés, rumano y hebreo. Coordina el Club de Lectura del Instituto Cervantes de Milán e imparte talleres de escritura creativa en las ciudades de Milán y Madrid. Colabora como articulista para diversos medios.