Este documental de Hugo Santiago es al tiempo, una rareza y una joya. Es una suerte que finalmente esté disponible en la web. Es una rareza porque se plantea perfilar, trazar, el semblante de un hombre que huyó, sistemáticamente de toda exposición pública. Blanchot se hizo famoso por su pertinaz resistencia a ser fotografiado, a aparecer en eventos públicos, a plegarse a las exigencias que el mercado editorial ha codificado para establecer la condición de autor. Pero, en vez de recluirse, como puede ser el caso de Salinger o Pynchon, Blanchot no detuvo una incesante producción literaria. Se convirtió así en el paradigma perfecto del autor: aquel que es solo palabras, papel, tinta, obra. Donde su presencia como ser humano se desdibuja hasta tornarse no solo banal, sino innecesaria. Que nuestro presente nos haya llevado al terreno opuesto a aquel que transitó Blanchot, con autores convertidos en promotores de sí mismos en redes sociales, donde dedican más tiempo a opinar que a escribir, no menoscaba la determinante importancia de la herencia de Blanchot, incluso la refuerza. Además, este documental es una joya porque sabe transmitir esa sensación de ausencia, con autores opinando sobre Blanchot, ocupando el hueco que él deja, al transformar su obra en lo que ellos quieren, interpretándola, apropiándose de ella, porque acaso en su desvanecimiento quería facilitar que se realizasen esas apropiaciones de sus textos y sus ideas. Al hacer presente esa ausencia este documental alcanza sus objetivos, y eso no es algo baladí porque es capaz de no rellenar el vacío, sino de hacerlo más habitable.