No es necesario recordar el lugar que ocupa Rey Rosa dentro de la narrativa guatemalteca, tampoco el de Javier Payeras. Acaso sean los dos escritores más determinantes de cada una de sus generaciones. Por eso resulta especialmente interesante el acercamiento de Payeras a la novela de Rey Rosa, posiblemente la mejor de las suyas, que además tiende unos lazos evidentes con Insensatez  de Castellanos Moya y la gran crónica de Francisco Goldman El arte del asesinato político.

 

Desde su índice esta novela revela algo: anotaciones clasificadas según la pasta y el color del cuaderno. Notas en secuencia compulsiva y sumaria donde surge la descripción de un laberinto de papeles amarillos, repletos de sellos y frases clave que develan los  acontecimientos más oscuros  de la represión política en Guatemala. El Material Humano va como un relato múltiple. El acercamiento a La Isla, un complejo de edificios que pertenecen a la Policía Nacional Civil, por parte de un escritor atraído por el archivo de la policía recientemente abierto para el estudio y el esclarecimiento histórico. Por otro lado la cotidianidad de un personaje-narrador inmerso en su  trabajo literario desde el cual va tomando conciencia de su propio  aislamiento. Y es precisamente el aislamiento ese ingrediente que le da su carácter verosímil a este relato. El aislamiento dentro del laberinto de nombres y rostros que apuntan hacia un pasado que, como una pesadilla recurrente,  nunca termina de suceder. Mientras más se adentra el personaje en su obsesión por descubrir qué hay detrás de las fajas repletas de fólders sin descifrar, más clara tiene la noción de que existe una presencia ajena para él, una sombra que resguarda toda la verdad, un Minotauro encerrado que jamás llega a hacerse visible y al cual es mejor no invocar.

Esta novela de Rodrigo Rey Rosa es -me parece- la más lograda ficción relacionada a la historia reciente de nuestro país. Tomando el reportaje, el diario y la reconstrucción documental, como elementos base para la construcción de un relato con múltiples lecturas. Rey Rosa logra una descripción muy detallada de la  corrupción política guatemalteca, un circo de  realismo sádico que es casi imperceptible para una sociedad cauterizada al dolor ajeno. Dentro de su entropía, El Material Humano, condensa una extraña carga poética. La honestidad es el hilo de Ariadna que conduce la conciencia  a través del relato. ¿Cómo emerge la sensibilidad humana luego de tantos años de paranoia y dolor? En todo el recorrido por su estructura absolutamente experimental no deja  un párrafo donde no coincidan la experiencia humana, el desasosiego y el absurdo. El recurso del diario en la narración hace que el efecto de sus observaciones nos adentre en el proceso creativo que da origen a la novela misma. Una visión borgeana del asunto literario, donde el personaje es quien habla y el autor quien obedece. Un reflejo instantáneo de un Meursault  o de un Joseph K  dentro de la maquinaria de sangre que desde siglos mantiene el “orden de las cosas”.

Algo se condensa muy bien dentro de la novela. La incertidumbre acerca de la realidad de los otros. Una larga lista de casos transcritos de los expedientes hallados le da un toque de humor amargo: Barrientos Luis Alfredo. Nace en 1924. Periodista. Fichado en 1956 por manifestante. En 1958 pro propagar ideas exóticas.  Valdés P. Sergio Estuardo. Nace en 1931. Fotógrafo. Fichado en 1952 por liberar un zopilote en el teatro “Cápitol”.

Estrechamente podemos ver cómo la estrategia  del Estado guatemalteco llego a los niveles más absurdos de represión. El libro abunda en nombres, anécdotas y opiniones que abonan a la lectura cierta curiosidad por hallarnos reflejados en él. Con ello no quiero simplificarla o aducir que su virtud radica en lo “local” de su historia. En la verdadera literatura no existe tal complejo. Brota el hallazgo de una idea y la imagen de alta definición que nos brinda a través de una técnica narrativa sumamente transparente. Virtud por demás identificable en las novelas de Rey Rosa. Envidiable capacidad de síntesis. Aproximación minimalista en la descripción. Un novelista como pocos, tímido como pocos y ameno como pocos. Algo de Dédalo construyendo un laberinto con el desecho de nuestra malversada historia, ese pasado impresentable, esa guillotina seca que amenaza el presente desde la inmovilidad de viejos y apolillados papeles. Pero afortunadamente, hasta de todo eso, puede germinar excelente literatura.

 

Javier Payeras

Ya sea como narrador o poeta, la obra de Javier Payeras (Ciudad de Guatemala, 1974) es un referente de la literatura centroamericana. Sobre todo por ser una figura central de la Generación guatemalteca de la posguerra, que reflejó las consecuencias del conflicto armado que asoló el país durante décadas. Su obra se extiende por diversos géneros: poesía, narrativa, dramaturgia e, incluso, libros objetos y performance poéticas.

Todo texto es un Palimpsesto, pero más todavía los que versan sobre otras producciones culturales. Haciendo un leve homenaje a Genette, en Palimpsestos se recogerán los textos críticos. En penúltiMa la crítica es meditación y diálogo. Los textos que pasan a entretejerse con aquellos de los que hablan.