Usando como punto de partida el libro del escritor nigeriano Christopher Okigbo publicado por la editorial mexicana Mangos de Hacha, Puerta del cielo, en traducción de Laura Petrecca y Obioma Ofoego, el escritor y crítico ecuatoriano César Ramiro Vásconez reflexiona sobre las literaturas que, todavía, se siguen entendiendo como minoritarias en el contexto internacional.

“Llevamos en nuestros mundos que florecen
Los mundos que han fallado…”

Christopher Okigbo

 

Junto a Wole Soyinka y Chinua Achebe, Christopher Okigbo (1930-1967), es uno de los escritores nigerianos más importantes del siglo XX. Ingresó a la Universidad de Ibadan para estudiar medicina, carrera que abandonó para inscribirse en literatura clásica. Además, fue un pianista muy dotado; acompañó a Soyinka en su debut como cantante. Okigbo fue un lector muy atento de la poesía latinoamericana; como bibliotecario de la Universidad de Ibadan, le interesaba especialmente que los estudiantes tuvieran acceso a la mayor cantidad de antologías y libros de autores hispanoamericanos traducidos al inglés.

 

Su vida y su obra estuvieron ligadas a la independencia de Nigeria. Okigbo perteneció a la etnia Igbo, la cual impulsó la fallida secesión de Biafra de Nigeria. Como los poetas Miguel Ángel Bustos y Francisco Urondo en la Argentina, separó su actividad militante de su ejercicio poético. La literatura comprometida lo limitaba al hacerse las preguntas más importantes: ¿Cómo escribir poesía en tiempos de guerra? ¿Cómo vivir en medio de la guerra?:

 

(“Palinurus alone in a hot prison you will keep
The dead sea awake with nightsong…
Silver of rivulets this side of the bridge,
Cascades of lily-livered laughter,
Fold-on-fold of raped, naked blue –
What memory has the sea of her lover?
Palinurus, unloved in your empty catacomb,
You will wear away through age alone…”)

“Palinuro, solo en una cárcel caliente, mantendrás
Despierto al mar muerto con tu canto nocturno…
Plata de riachos por este lado del puente,
Cascadas de risas cobardes,
Pliegue sobre pliegue de azul, violeta puro—
¿Qué memoria tiene el mar de su amante?
Palinuro, abandonado en tu catacumba vacía,
Te desgastarás solo, con los años… (…)”

(Lamento de los tambores)

 

Parte de la obra inicial de Soyinka se opone al concepto de negritud propulsado por Léopold Sédar Senghor y Aimé Césaire, por considerarlo un movimiento nostálgico y retardatario que niega las potencialidades de la modernización para África. “Un tigre, escribe Soyinka, no proclama su negritud, se abalanza sobre su presa”. De la misma manera, Okigbo no quería ser un autor limitado al exotismo del color local y al compromiso. “La publicación de Límites en 1962-63 — escribe Michael J. C. Echeruo, uno de los mayores especialistas en su obra — le dio mucho reconocimiento como poeta “modernista” africano, y él supo valorar la atención que se le prestaba. Comenzó a hablar con seriedad y audacia sobre su poética y sobre su misión, postura pública que lo llevó a rechazar el Premio de Poesía en el Festival Mundial de Artes y Culturas Negras en Dakar en 1966, manifestando — así como lo había hecho Countee Cullen en su momento — que no quería ser conocido meramente como un poeta “negro” o africano”.

 

Gracias a Puerta del cielo (excelentemente traducido por Laura Petrecca y Obioma Ofoego) descubrimos que Okigbo concibió su obra como un gran palimpsesto donde la copia y la reescritura resultan indistinguibles. Los ecos de Virgilio se confunden con Victoria Ocampo, las resonancias de William Wordsworth con Bernardo Ortiz de Montellano. Según Echeruo, ” (…) llevaba una carpeta en la que guardaba transcripciones de los versos o de las frases de críticos que más le gustaban. Lamentablemente, usaba la misma carpeta para sus propios escritos y borradores. Corregía, enmendaba y borraba constantemente, no solo sus propios borradores, sino cualquier frase garabateada que encontraba y guardaba. Solía mezclar dos o más versiones en una, luego volvía a separarlas o a insertarlas en otros fragmentos donde parecían encajar mejor o tener más sentido. La mayoría de estos borradores y fragmentos no llevan título, ni fecha, ni nombre de autor, ni referencias de fuentes”:

 

(“Oh wind, swell my sails; and may my banner run the course of wider waters;
The child in me trembles before the high shelf on the wall,
The man in me shrinks before the narrow neck of a calabash;
And the chant, already all wings, follows
In its ivory circuit behind the thunder clouds,
The slick route of the feathered serpent…”)

“Oh viento, infla mis velas; y que mi bandera corra
al curso de aguas más amplias;
El niño dentro de mí tiembla frente al elevado estante en la pared,
El hombre dentro de mí se encoge ante el estrecho cuello de una calabaza;
Y el canto, ya puras alas, sigue
En su circuito de marfil detrás de los nubarrones,
La ruta escurridiza de la serpiente emplumada… (…)”

(Elegía del viento)

 

A raíz de la secesión de Biafra de Nigeria y el estallido de la guerra civil, Okigbo se muda a la ciudad de Enugu, donde junto a Chinua Achebe intenta abrir una editorial, Citadel Press. Ya en la clandestinidad, tuvo que convertirse en ladrón de gallinas junto a Soyinka, muchas veces teniendo que disputar sus capturas con las serpientes y los rancheros que los descubrían. Muere en combate durante el asedio del ejército nigeriano a la ciudad universitaria de Nsukka. Su casa en Enugu fue destruida durante los bombardeos, perdiéndose su obra inédita. Si aún estuviera vivo hoy en día, sería perseguido por Boko Haram y también censurado por el gobierno de su país, tal como le sucedió a Wole Soyinka. Sabía, como René Char, que frente al horror solo es posible reaccionar desde la belleza:

 

(“If I don`t learn to shut my mouth I`ll soon go to hell,
I, Okigbo, town-crier, together with my iron bell.”)

“Si no aprendo a cerrar la boca iré pronto al infierno,
Yo, Okigbo, pregonero, junto a mi campana de hierro”.

 

César Ramiro Vásconez
César Ramiro Vásconez (Quito, 1980) Hizo estudios de Letras y Edición en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Fue jefe de redacción de La Comunidad Inconfesable. Como editor preparó la Obra Poética (2007) de David Ledesma y Minero de la Noche — 24 poetas franceses de vanguardia —(2008) de Jorge Carrera Andrade. En el 2009 fue seleccionado para el Programa de Residencias Artísticas para Creadores de Iberoamérica del Fonca en México. Aldaba, (Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2010) es su primer libro de poesía. En el 2012 fue escritor en residencia de la Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs (Meet) de Saint-Nazaire en Francia y editor de su revista bilingue Quito/Dublin N°16 (Meet, Saint-Nazaire, 2012). Dirigió Alkmene, revista de literatura y traducción (2014). En 2015 publicó Tierra tres veces maldita (Meet, Saint-Nazaire, 2015), su primera novela.
Todo texto es un Palimpsesto, pero más todavía los que versan sobre otras producciones culturales. Haciendo un leve homenaje a Genette, en Palimpsestos se recogerán los textos críticos. En penúltiMa la crítica es meditación y diálogo. Los textos que pasan a entretejerse con aquellos de los que hablan.