La reciente, y preciosa, edición de Retiro de Sergei Dovlatov llevada a cargo por la editorial Fulgencio Pimental ha permitido a toda una generación entrar en contacto con uno de los escritores más singulares de la literatura rusa, en concreto de su exilio. Una de ellas es la joven y talentosa Rosa Moncayo, que se ha lanzado a escribir sobre el libro para penúltiMa.

 

«Si la literatura es una dedicación que merece castigo, mi sitio está en la cárcel… Pero lo cierto es que ya no se manda a prisión a nadie por motivos literarios».

Borís Alijánov, alter ego de Serguéi Dovlátov, es un hombre que no entiende el mundo. Esa falta de entendimiento lo lleva a retirarse a Mijáilovskoje, un paraje mezquino donde ejerce de guía en un parque temático en honor a Pushkin, poeta pionero en la creación de la literatura rusa moderna. A través de esta nueva profesión, Boris busca saldar deudas con sus acreedores, curarse de un matrimonio fallido y alcanzar la tan ansiada paz espiritual.

Mediante esta suerte de parque temático, Dovlátov recrea la sociedad soviética, una sociedad que no se corresponde a los supuestos ideales que se establecen en el agitadísimo panorama político que envuelve al país. Alrededor de este lugar de retiro, concurren personajes de todo tipo: borrachos, maltratadores, obsesos y admiradores de Pushkin, turistas ilusos, etc. En mi lectura, encuentro que estos personajes, son los que, al mismo tiempo, dan voz a Boris. Son estos personajes, que perfila con pulso y maestría el autor, los que retratan el miserable paisaje que el imperio soviético arrastró, las voces y facciones de la crudeza, el malogrado encanto rural que tanto se había intentado mitificar por medio de la excesiva propaganda política.

Leemos la memoria de un hombre que se intenta olvidar a sí mismo, sus heridas más escondidas. «Pasaban los años. Nadie me publicaba. Bebía cada vez más. Y a cada poco encontraba nuevas excusas para hacerlo».

Cada capítulo está narrado con sencillez e intensidad; siempre hay acción, diálogo rápido y ágil, sin excesivas cavilaciones. Y es que, el arte de escribir diálogos, está en manos de unos pocos. La cercanía que rezuma la voz de los distintos personajes que aparecen en la novela y su propia humillación, crean cierta atmósfera desoladora. «La gente conservará de ti lo que deba conservar», decía Mandelstham. Por otra parte, el humor y sarcasmo aparecen con frecuencia para darle redondez al texto; el ingenio con el que Boris responde, construye una voz perspicaz –casi atrevida, vacilante– y, al mismo tiempo, resignada a la comprensión de los demás.

La figura de Tania, exmujer y madre de su hija, Masha, aparece como punto de no retorno en mitad de la narración. Tania es el único personaje que cuestiona y recrimina el estilo de vida de Boris: «Hasta tu amor por las palabras, ese amor loco, enfermizo, patológico, es falso. Es sólo un intento de justificar la vida que llevas». El amor, en la Rusia que retrata Dovlátov, es frío y práctico, colmado de papeleos burocráticos y aspiraciones a una vida mejor. Tania quiere marchar al Oeste, asignarle un hogar tranquilo a su hija, huir de la era soviética y su realismo lacerante; son conscientes de que la salida de la URSS será complicada.

Los paralelismos entre la narración y la biografía de Dovlátov están claros. Según la magnífica nota biográfica que escribe Lino González –se puede encontrar al final de esta edición de Fulgencio Pimentel–, Dovlátov abandonó la URSS a finales de los años setenta. El primer borrador de esta novela llegó escondido en los forros de las maletas de sus amigos que abandonaban, como él, la Unión Soviética. Los niveles de censura y represión contra los intelectuales de la época estaban alcanzando sus cotas más altas. Una vez se estableció en Nueva York, Dovlátov reescribió todas sus obras, incluyendo ‘Retiro’.

Ésta es la novela de un hombre perdido. ‘Retiro’ constituye el apuro mental de Dovlátov; el protagonista no tiene problemas para exhibir su ignorancia y fragilidad sin inconvenientes: «Para expresarlo con propiedad, ni siquiera sé lo que es el amor. Carezco totalmente de criterio a ese respecto. El amor infeliz todavía lo entiendo». Tania, a pesar de todo, quiere que Boris le acompañe en su viaje; ella le habla del paraíso y, si bien es cierto que este personaje femenino retrata el amargo sabor de la mediocridad, al mismo tiempo encarna el único ápice de libertad y esperanza que se puede instalar en el corazón borracho de Boris.

El amor no existe en un mundo tan frío y masticado, Dovlátov lo ha dejado claro.  «El amor es para los jóvenes. Para los militares y para los deportistas… Lo nuestro es algo mucho más complicado».

 

Rosa Moncayo

Rosa Moncayo Cazorla (Palma de Mallorca, 1993). Estudió Administración de Empresas en la Universidad Carlos III de Madrid. Con 20 años, le concedieron una beca para estudiar en Corea del Sur, estancia que le marcaría para siempre. Actualmente, reside en Madrid y trabaja como analista de datos en una multinacional. Lectora voraz, desde su infancia ha estado muy unida a la escritura. Dog Café, editada por Expediciones Polares, es su primera novela. 

Todo texto es un Palimpsesto, pero más todavía los que versan sobre otras producciones culturales. Haciendo un leve homenaje a Genette, en Palimpsestos se recogerán los textos críticos. En penúltiMa la crítica es meditación y diálogo. Los textos que pasan a entretejerse con aquellos de los que hablan.