En 1996 Rafael Filipelli estrenó un documental inusual y fascinante. Es inusual porque huye de los clichés en los que suelen caer siempre las películas que giran en torno a los escritores. En primer instancia porque cuenta con la participación del propio Ser, algo más que un cinéfilo, un cineasta en sí mismo, no solo por su actividad como guionista o acádemico en torno al tema, que ya justificaría esa adscripción, sino por la textura cinematográfica que tiene su narrativa. Leer el El limonero real Nadie nada nunca obliga a pensarlas, a transitar por esas novelas, como continuidades dialogadas que, en vez de convertirse en un guión divivido en escenas para iniciar un trabajo de producción escogieron otro sendero, el de permitir al autor darle carne y materia a la película que tenía en la cabeza mediante la palabra. Filipelli, además, tiene el acierto de construir su documental como un ejercicio especular sobre los temas y las escenas trabajadas por el propio Saer en sus novelas. Los paseos por París o Buenos Aires habrían servido al escritor como excusas argumentales para una de sus novelas, del mismo modo en que lo hizo en Glosa. También la presencia de los banquetes, que nos dirigen tanto al ubicuo pero meramente aludido de esa misma novela como al largamente planificado de El limonero real. Y va más allá de la mera representación, construye ante el pasmado espectador la realidad de un banquete, con planos centrados en la comida y en las conversaciones más o menos trascendentes que tienen lugar en torno a ella. Al huir de la tentación habitual de la hagiografía del escritor difunto, al obviar el repaso de un academicismo superficial en torno a su obra para mostrarlo de modo más o menos cotidiano, Filipelli no solo tiene la generosidad de compartir con el espectador su amistad con Saer, sino que demuestra una concepción muy inteligente de las tensiones entre el trabajo de creación y la manida exégesis que suele acartonar los acercamientos a la literatura en general, y a la de Saer en particular. Ya en Serodino, en los planes finales de la película Saer explicita su preferencia por una cinta que presente la realidad frente al análisis sesudo que no es ya que opaque, sino que se evidencia incapaz de apresar la materialidad y rotundidad de la vida. El gran acierto de Filipelli pasa por entender bien las intenciones de su amigo y potenciarlas con su capacidad como realizador para ofrecer algo más que un documental: entregar un pedazo de la vida de Saer, que sin duda interesará a sus lectores, pero que va más allá al presentarlo con la misma carnalidad rotunda de los personajes del mundo de la Zona. Alguien, un alma generosa ha colgado la película completa en la web y gracias a él podemos compartirla con los lectores de penúltiMa como un homenaje al escritor en el aniversario de su nacimiento. Aquí les dejamos con el Retrato de Juan José Saer de Rafael Filipelli. Un lujo se mire por donde se mire.