Demasiado a menudo tendemos a olvidar la pujanza y extensión que tiene la lengua española en el mundo, que aunque en los medios de comunicación se empeñen en convertirnos en colonizados consumidores de estupideces gringas, hay otros muchos habitantes de este polimorfo planeta que se acercan a la cultura en lengua española y la refunden y agrandan con su mirada, su vocabulario, su modo novedoso de contaminar de modo fecundo nuestra lengua y, por extensión, nuestro mundo. Como una muestra de esa literatura proteica y perenne presentamos a nuestros inquietos lectores este acercamiento de la profesora y poeta búlgara Veli Bogoeva a la poesía del venezolano Edgar Borges. Esperamos que la disfruten.
“Esa bella locura que nos mantiene andando cuando
todo alrededor es tan insanamente cuerdo.”
Julio Cortázar
No hace mucho que mis ojos tropezaron con un título muy peculiar. A la que releía el nombre sugerente con que habían bautizado la obra supe que iba a ser mi próxima lectura. La ambigüedad de interpretaciones y la infinidad de visiones en algo tan escueto como Figuras (Trampa Ediciones, Barcelona) fue suficiente para seguir la voz de mi instinto y dar oportunidad a sus letras cobrar forma ante mis ojos.
La portada sencilla, de fondo blanco impoluto con fragmentos geométricos de ángulos curvilíneos en negro, que articulaba un rostro sobrio con espacios vacíos de unión, solo reofrozaba el doble sentido que desde el primer instante capturó mi atención.
El vocablo figuras evoca la disposición de líneas y puntos unidos en un orden determinado para darle forma a algo concluido, sea lo construido algo tácito o sea impalpable, como un símbolo o una idea. Pero una figura es también un personaje fuera de lo común y por ello meritorio de ser conocido y recordado. Lo excepcional es admirado y temido porque es siempre punto de inflexión.
Figuras, del escritor venezolano Edgar Borges, no es un libro convencional que busque contar una historia para aliviar una necesidad de entretener, comprender o siquiera responder a preguntas de índole variada. “Figuras” es la construcción de universos que se derriban continuamente para ser levantados de nuevo desde una perspectiva diferente. Se abren horizontes donde la que reina es la incertidumbre que pone en entredicho los pilares del juicio en que locura y cordura se sostienen como tales en la percepción humana. El multiverso desplegado en sus páginas es el acervo de universos poblados de figuras tanto de carne y hueso como de líneas dibujando geografías y espacios provisionales perturbando la estabilidad de toda mirada. Las líneas juegan trazando rutas con puntos de unión abiertos, cual en un mapa antiguo con lagunas de conocimiento sobre el contexto marino y de reconocimiento conceptual sobre su simbología. Rutas lineales desmoronando paredes erguidas en un desdoble entre realidad e imaginación cuya frontera se desdibuja para desleír en un solo multiverso existente, al estilo cortazariano.
Dos enclaves de arquitectura humana, cada cual, regida por una lógica propia, el pueblo, hogar de los cuerdos, y el manicomio, morada de los faltos de juicio, empiezan a perfilarse desde las primeras páginas. Dos enclaves unidos por un camino de cemento que tan solo se puede transitar ejecutando un específico ritual de casillas numeradas, regla irrefutable establecida por los cuerdos. Una regla que es más que una orden fija, como el material denso y resistente al paso del tiempo del polvo gris ahogando cada embrión de viva naturaleza. Una norma convertida en condición imprescindible para discernir la línea divisoria entre cordura y locura, y por extensión discriminar los cuerdos de los locos para delimitar el grosor y la expansión de muros de su morada.
¿Dibujan las casillas acaso la faz de la cordura como piezas ordenadas de un puzzle visible desde el cielo? – se pregunta el lector a medida que avanza en su lectura y más tras la afirmación de que “el pueblo, en aquel territorio, fue la primera cosa física en llamarse casillas”. Y si es así, ¿protege la ejecución minuciosa de su tránsito guiado de la locura que tal sutilmente sabe abrirse caminos? O ¿es su perfil acaso el rostro de la demencia grillada, necesaria para acallar la voz de la auténtica cordura encerrada bajo llave y cuya visita esporádica no puede durar más de 3 minutos?
¿Puede lo etéreo respirar con fuerza estando encerrado en el núcleo de lo obtuso, lo rígido y lo inmóvil?
¿Se puede controlar la propia vida más allá de la alteración externa impuesta, diametralmente opuesta a veces a la verdad de la propia mirada, ya que proclama Enrico: “la mirada es la mayor forma de creatividad directa” y los muros no dejan de ser “cuatro líneas sostenidas por una mirada”?
¿Se sobrevive del desasosiego de atravesar paredes en la heroica hazaña de ascender recorriendo el mismo camino de modos diversos, producto éstos del atrevimiento y la espontaneidad?
Las preguntas propias se van agolpando a las de Enrico a medida que se desdibuja a cinceladas precisas la frontera entre realidad, memoria e imaginación.
Enhilar facultades multifacéticas en rutas inversas entre lo visible y lo invisible es un proceso sumamente complejo, pero que Edgar Borges ha sabido con mucha competencia y detalle preciso resolver con maestría. El lector está siendo sumergido dentro de la complejidad infinita del ser humano con agudeza y mediante giros inesperados siempre cargados de profundo significado y guiños filosóficos, como la serie de suicidios oportunos, el valor incalculable de unos dibujos cual bosquejos o de unas cartas en blanco. La verdad propia de los personajes es mucho más intrincada y esquiva ante toda perspectiva lineal, y es incapaz de enclaustrarse en el primer brote reflexivo de “en un ser todo canta la misma melodía: voz, mirada, piel, movimientos.”
Ante los ojos del lector desfilan muchos y muy variados personajes, cuerdos y locos, pero destaca la tríade Enrico – Federica – y el denominado como guardián de los espacios, sin nombre propio.
Observamos la evolución vertical de un Enrico cuya exteriorizada rebeldía cautiva desde el primer instante en que lo vemos saltar con gracia desafiando todo límite reglamentario o incluso físico. Parece que la gravedad es una fuerza que no afecta a su cuerpo y por ello su mente respira libre mediante la alteración del eje de perspectivas también.
Se piensa que quién más ingobernable es en su actitud, más rebeldía impera en su interior. Sin embargo, a medida que Enrico va cobrando conciencia de la necesidad de quebrantar los límites desde dentro, pasa del salto al brinco. De un maestro cuyo movimiento era impredecible, cual el dibujo de una figura precisa perfilada en el aire, pasa a la torpeza de unos brincos triturando toda elegancia y belleza de sus saltos iniciales y trazando líneas de formas inestables. Un carril inverso donde lo externo va en dirección opuesta a lo interno, otra rotura de perspectiva más en la premisa heredada de que la pauta exterior es un espejo de la realidad interior. Un giro visible – invisible que se desdobla con claridad en el instante en que Enrico comprende que todo acto de rebeldía exterior, tanto en su salto imprevisible y desafiante como en la forma de deshacer y crear perspectivas nuevas e ilusorias, no deja de ser una realidad de límites alterados pero jamás quebrantados.
Federica, la imagen de la dualidad femenina entre tierra y cielo, es todo un universo misterioso en sí misma y despierta el idéntico interés en el lector que el que su visión hace emerger en el maestro del salto. La revelación paulatina de la enigmática personalidad de la ganadora del juego de la casilla es un viaje al núcleo de la verdad y profundidad de las alturas, todo un vuelo sensorial donde nada está dado ni desciende del azar. Su figura y razón de ser y de estar es cual un temblor ascendiente que acaba derribando paredes intangibles. Las paredes del faro, metáfora e ironía cruda de lo que ocurre en el interior de una construcción hecha para iluminar y guiar, la retienen cautiva. Muros entre los que caminar en círculos es la rebelión y herencia de un espíritu libre incapaz de dejar de soñar con el vuelo, “…el único propósito verdadero es volar…el salto es la resignación de quienes no pueden volar”, porque el suelo no deja de ser ficción y origen de todo caos reinante, pero volar tiene un precio muy alto y una misión todavía por cumplir.
Enrico y Federica son como el yin y el yang, interdependientes y a la vez múltiples y subdivisibles, se consumen y se generan mutuamente en espacios de tiempo asombrosamente cortos. Se transforman y transforman lo visible y lo invisible. Todo desequilibrio es sólo circunstancial, como el único dibujo titulado de Enrico “La Nada”. Los puntos desperdigados de cada explosión de sus universos se ordenan en líneas y figuras concentradas que se van expandiendo, coexistiendo los opuestos en absolutos impuros infinitamente bellos y sugerentes, porque quebrando desde el interior se engendra lo que es auténtico y real.
El guardián de los espacios, “un montón de ladrillos dentro de un uniforme”, es la curvilínea en que confluyen los dos universos coexistentes entre sí y a la vez existentes en sí mismos. Él es el auténtico hijo del hombre. El hombre cuerdo, fuerte y poderoso para la realidad exterior y, sin embargo, extremadamente frágil e inestable en su auténtico ser profundo. Capaz de transformarse en un monstruo a la par que emocionarse con aquello que reprime o siente ha perdido. Intenta auto adoctrinarse cuando abre los ojos de su humanidad aún respirando bajo la violencia gratuita. Su discapacidad visual no es de una ceguera total. Sabe apreciar la perseverancia de Enrico, aunque le saque de quicio, sabe asombrarse ante la arquitectura de sus saltos iniciales, su mirada no deja de encenderse ante los dibujos anhelados y tornados moneda de cambio. El guardián de los espacios se tambalea continuamente entre el ser y el no ser y el cómo ser para no perderse a sí mismo por completo y sin acabar clasificado como otro demente más.
El dibujo tanto en papel como en la ejecución de los saltos, instantánea de una perspectiva interior en perpetua transformación ante una realidad que agota su lucidez, se vuelve vitamina ante la indiferencia, el miedo y la ira cuando el dolor de lo que no ha sanado devora. El dibujo es imaginación en libertad más allá de su valor estético o deleite y por ello se torna un homenaje a la imaginación, la cual precede toda expresión artística. Visto así se comprende la ansiedad del guardián por poseer todo dibujo salido de la mano de Enrico. Ansía el hijo del hombre la libertad de imaginar el mundo desde su propia locura.
Rescatar el recuerdo y la emoción de lo vivido o soñado es un acto de dibujar en silencio propio de cada ser humano. Dibujos invisibles e inestables, deconstruyendo y explosionando, pero siempre hijos de la imaginación equiparable al universo múltiple y multiforme, y cuya ausencia compara Enrico con la oscuridad impenetrable:
“La negrura cubrió todo el espacio exterior, pero también borró todos los rostros que guardaba en la memoria. Pensó en el universo no observable: probablemente sería tan oscuro como la imposibilidad de imaginación.”
Figuras de Edgar Borges es la respiración vibrante de la imaginación que nos invoca al salto para volver siendo auténticos ante la muerte que llega con retraso desde el pasado. Saltar para atravesar paredes y escapar de la trampa para cazarnos cual pájaros bajo nuestros pies. Saltos imaginativos cada vez más altos cómo único modo para aprender a volar, porque si no
“¿Cómo se sostiene un hombre en un caballito de madera sobre un camino vertical?”

Veli Bogoeva (Sofía, Bulgaria 1987) es profesora de Lengua y Literatura Castellana, Búlgaro e Inglés, poetisa, prologuista de varios poemarios y de una antología europea y escritora en géneros varios. Colabora con distintos colectivos culturales como Kultura Project y su programa «Sin Fronteras» o la editorial colombiana Papel y Lápiz; Ponente invitada en el taller sobre Lengua y Literatura para el Instituto de Formación Docente Continua MAR (Argentina). Desde 2023 forma parte del Nodo Internacional de la Red de Mujeres Artistas de Medellín (Colombia). Participante activa con sus letras en las exposiciones pictórico-poéticas del Consorcio Universal de las Ciencias y Bellas Artes (C.U.C.B.A) de Venezuela. Escribe poesía, relatos cortos, narrativa más extensa y artículos de opinión. Su primer poemario “Florilegio de una amapola” fue publicado en 2023. Escritos suyos se pueden leer en revistas o fanzines de Italia, Chile, Colombia o Suecia. Ha participado en variados encuentros poéticos internacionales y en encuentros culturales diversos, como el largometraje «La última imagen de las salamandras» del director, guionista y cineasta mexicano José M. Delgadillo.



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