Vivimos en la cárcel del algoritmo, y lo hacemos gozosos. Así nos lo recuerda Javier Payeras, escritor guatemalteco exiliado en México (los que se pregunten por qué pueden buscar en las redes un poco de información que vaya más allá de Oriente Medio o la Europa del Este y descubrirán, por ejemplo, los acontecimientos que vive hoy el pueblo guatemalteco sometido por un tirano que perdió las elecciones y se resiste a abandonar el poder ante la pasividad internacional) en este texto que, como todos los suyos, nos alegran el día, aunque no sean alegres, y nos recuerdan el motivo por el que nos decidimos a montar este patio de Monipodio al que hemos enmascarado de revista literaria.

 

Coincido o repudio algo diez minutos después de despertar. Al amanecer tengo la miserable adicción de consultar mi móvil y ver dos redes: Facebook e Instagram. Me quiero enterar de lo que acontece fuera de mi burbuja eremita en la ciudad de Guatemala. Llueven formas magníficas de aforismos venenosos dentro del carrusel de vanidad que es el logo de la efe azul y… ¡coincido casualmente con todas! Es feo admitirlo, pero soy un amargado y un cínico, así que mi corazón queda registrado debajo de la foto del Schopenhauer calvito con su refrescante sentencia dentro de una página de Amantes de la filosofía con 150 mil almas en pena que le dieron me gusta… Ah Nietzsche, Cioran y Camus son los más compartidos sin lugar a dudas, sus palabras son refrescante como una taza de vinagre de manzana. Me gusta pasar listas a esos estados del infraego que cada día espetan verdades muy necesarias, predicciones apocalípticas relacionadas con el mundo de la literatura o el activismo cultural. Pienso que hay personas muy espabiladas que ven con deslumbrante claridad el mundo y que nos dejan esta crónica espontánea y sin vínculos con la corruptela publicitaria de los grandes mercados del libro o del arte, pienso también que es más divertido leer a estos disidentes que a todos esos atildados nerds de espejuelos con aros plásticos sentados en sus escritorios con sus jerseys en v, posando para una foto en blanco y negro encima de la lista de elogiosas críticas a su indispensable obra literaria.

Aclaro que, de no ser por la tecnología, muchos indocumentados como el autor de estas líneas no sería conocido ni en su propio barrio. Tengo cuarenta y nueve años, soy un migrante a lo digital, soy prácticamente un anciano dentro del canon centenial que reza: No nos interesa nadie que tenga más de 25 años. Yo también fui un adulto joven con una oratoria incendiaria de Peter Punk hace una veintena de años, así que sólo recibo el karma reciclado de mis consignas estúpidas, tarde o temprano el perro que ladra tiene una piedra que le rompe el hocico… vaya si no se aprende esto con dolor… En realidad es un absurdo pelear con todas estas formas “democráticas” de la expresión, pienso que hay que agradecerlas, pero luego de ver lo que nos interesa y publicar alguna lucidez provocadora, bloquear el teléfono y salir a convivir con la vida. Si de pronto nos pesca alguien que despotrica contra un artista macho tóxico o un pintor militante de derechas neonazis o algún sobrevalorado músico, en ese momento justo cuando vamos a responder buscando el sentido común… es el momento de detenerse y dejar el teléfono muy lejitos, para no morder el anzuelo para ofendidillos que nos termina lavando el cerebro y anclando en una pantalla.

Hace unos días me consultó un medio digital acerca del posible Premio Nobel de Literatura para el 2023, le respondí con la mayor sinceridad que me fue posible: El Algoritmo todo poderoso nos revelará el destino del pobre ser que arrastrará consigo tal maldición. Me pareció simpático que el joven periodista me mencionara casas de apuestas y nombres tan extremadamente woke, dramáticamente televisivos o tan sushi roll, que para mí no significan absolutamente nada, es simple fanaticada que campea en los foros de discusión, donde luego de abiertas las plicas y que un encerado comunicador de la academia sueca revele el nombre,  subirán furibundos sus instantáneas selfies con los libros y supinas alabanzas al triste y solitario escritor que seguramente no tiene ni FB ni IG ni Tik Tok ni blog ni nada, un obrero de la palabra que tuvo la suerte de tener feroces agentes culturales, buenos traductores, lobistas políticos progres y editoriales de amplia distribución por los países civilizados. El maldito Algoritmo va dictando y reduciendo a un pequeño abanico de posibilidades donde las buenas conciencias lectoras tengan participación, ¿si el Nobel se decidiera por una votación en redes sociales quién sería el premiado?

No me queda suficientemente claro el mundo actual, lo que sí puedo decir es que he visto choques automovilísticos, personas que se rompen la cara en las banquetas y familias que cenan en la misma mesa, totalmente aisladas de su entorno, todo gracias a esa innecesaria conversación con la pantalla del móvil y la obsesión por estar siempre al día de lo que sucede en ese micromundo. Hay gente que nos odia  y que yo no conocemos, hay gente segura de que en realidad está cambiando el mundo y hay gente que piensa que su opinión complaciente con el zeitgeist tiene peso, y todo por querer tener un millón de amigos que no conocen. Pero ya sabiamente lo decía Epicteto hace dos mil años:

No nos daña nada que no provenga de nosotros mismos, lo que nos afecta es la interpretación que le damos a las cosas, que le damos a los demás y a sus actitudes, es malgastar terriblemente el tiempo cuando queremos interpretar lo que hacen o dicen los demás.

 

Javier Payeras (Ciudad de Guatemala 1974). Narrador, poeta y ensayista. Ha publicado: Biografía de la Imaginación (Ensayo 2022), La imagen de un segundo (poesía, 2022) La región más invisible (ensayo, 2018), Imágenes para un View-Master (relatos 2013), Limbo (novela 2011), Días Amarillos (novela 2009), Afuera (novela 2006), Ruido de Fondo (novela 2003), Soledadbrother (poesía 2003) y las antologías Microfé y Cosas que aprendimos en la lluvia: poesía guatemalteca contemporánea (2012). Reconocido en el Festival Panhispanico de poesía en Artes narrativas 2022. Su obra–completa o parcialmente- ha sido traducida al inglés, alemán, francés, italiano, portugués y bengalí. Actualmente escribe para http://revistapenultima.com/.

Javier Payeras, Ciudad de México 2023