No existen fotografías en las que aparezcan juntos Fernando Pessoa y Mário de Sá-Carneiro, y es algo lógico, ya que su relación fue sobre todo epistolar, y eminentemente literaria, pero no por ello deja de ser una lástima que no haya rastro de una re las amistades más intensas y poliédricas en la Historia de la literatura. Para algunos se trata de la evidencia de una pasión homosexual reprimida, para otros la encarnación de la amistad pura, para todos un deleite, sobre todo para los afortunados que han leído la correspondencia entre ambos, ya sea la completa en portugués o las selecciones que han sido traducidas. Seres singulares y solitarios que volcaron su ansia de trascendencia en sus versos, puede parecer por momentos que Sá-Carneiro fue el más acabado de los heterónimos de Pessoa, el que realmente deambuló por el mundo y no solo en su mente (aunque Ofélia Queiroz posiblemente no estuviese de acuerdo en esto), y de hecho no resulta sorprendente que, en una de sus cartas, Sá-Carneiro le describiese a Pessoa un doble suyo con el que se había cruzado en las calles parisinas. Los seguidores de Pessoa saben que es imposible que se tratase del propio autor, ya que desde que regresó de Durban, donde pasó su infancia y juventud, lo más lejos que estuvo de las calles de Lisboa fue en alguna excursión a Cascais. De todo eso habla Conversa Acabada, la película de João Botelho cuyo visionado proponemos.

En todo caso, fueran invenciones o no, las cosas que se cuentan ambos escritores en su correspondencia van más allá del registro de las grandes preocupaciones de las vanguardias estéticas de inicios del siglo en los que ambos crearon su obra. Hablan de eso tan complicado y frágil que es la amistad y la admiración, y nos muestran cómo dos seres solitarios pueden encontrar puntos de contacto desde los que crecer. João Botelho, que inauguró su trayectoria como realizador con esta película, ha seguido una trayectoria donde la presencia de la literatura es ubicua, y esa influencia subraya la pecualiridad de una cinematografia como la portuguesa, donde se vive en una perpetua vanguardia gracias a, poor un lado, la incesante recuepración de lo clásico, y, por otro, la introducción de elementos poco frecuentados por el cine contemporáneo, que ensancha sus perspectivas y propone nuevos vínculos entre la escritura, el teatro, las artes plásticas y el lengua cinematográfico. Esperamos que los siempre exigentes lectores de penúltiMa disfruten de esta propuesta.