Gracias a la gentileza de la editorial Páginas de Espuma, que lo publica y pone a la venta esta misma semana, tenemos el placer de compartir con nuestros lectores un adelanto del nuevo libro de uno de los referentes del cuento literario en castellano: Javier Sáez de Ibarra, un autor que desde hace veinte años viene publicando con eficiente regularidad libros de cuentos destinados a reflexionar, y poner en duda, muchas de las ideas sobre el género que se dan por asumidas. No es casual que, entre los verdaderos entendidos, sea la suya la obra de referencia entre los escritores de la península, y quizás, poco a poco, se vaya extendiendo su prestigio al otro lado del océano. Para nosotros es un motivo de alegría contar con la presencia habitual de Sáez de Ibarra como colaborador y amigo del medio, donde hemos tenido la alegría de publicar por entregas dos novelas suyas. Aquí les dejamos con esta propuesta para lectores inquietos.

 

Lacrimosa. Pleberio.

 Pleberio se asoma a la ventana de la torre y contempla el marcharse suave de la tarde sobre el mar. A lo lejos adivina una de las naves que ha construido y que están probando en una singladura de cabotaje. Conoce perfectamente el nombre, las dimensiones y la carga que es capaz de contener; se trata de un barco mercante que, enseguida, partirá hacia el estrecho de Panamá, al de Ormuz o a China… de eso ya se desentiende. Conoce las ganancias que ha obtenido, las que declara y las que oculta. No es dinero en realidad, son números que añadir a otros números; no es un montante que necesite para comprar nada, no hará una transacción por objetos o servicios. Su valor culmina y acaba en el hecho de conformar la nueva cifra. Agita con una vibración de la muñeca el vaso de whisky en que se golpean los hielos apenas, levanta el brazo, toma un sorbo y vuelve a dejar caer con cuidado el brazo cuan largo es.

Su mujer entra de golpe sin llamar, como tantas veces. Oye que perora mientras no deja de moverse, de agitarse más bien; aunque se dirigía a él, se ha detenido, traza un semicírculo, y ha vuelto a detenerse delante de unas carpetas o unos adornos, quizá los corrige al mismo tiempo que expone su idea o se queja o le propone un cambio. De pronto cesa en su discurso, ¿qué te parece? Él ni siquiera ha configurado la opción de responder cuando ella retoma sus razonamientos. La voz se alza y desciende, se distrae o precipita; por las alteraciones del ritmo intuye que ha pasado a otro tema; no cuando ha terminado cabalmente el anterior, sino a golpes de su espíritu. Mientras Pleberio contempla el paisaje sin la menor variación, y da un nuevo trago a su licor, sabe que su mujer, Alisa, acabará apoyándose en su hombro, le susurrará alguna decisión al oído y, acaso, lleve su mano hasta la suya y se apodere del vaso. Te gustaban los de color carmesí, oye que le dice. Sí, le contesta sin preocuparse de entender. Alisa ha sonreído y explica algo de compras, o de un estilo diferente y de lo que se está llevando en Nueva York según cualquier revista. Él adivina que ella se ha contemplado en el espejo, que rectifica un detalle que considera imperfecto en algún mueble y ya se impacienta; conque escucha el final de una frase, “ando”, que reconoce como la protesta de una afirmación tantas veces repetida: “No me estás escuchando”. Carraspea y calcula que falta poco menos de una hora para la puesta de sol, los tonos del mar adquirirán su aspecto vinoso, los naranjas y rojizos irán conquistando los azules y claros, las nubes se habrán disuelto y el cuadrado negro caerá engullido por la superficie del agua. Su mujer ha resuelto su problema a su manera y ahora se allega hasta él, le apoya las dos manos en el hombro, las entrelaza; quiere ser cariñosa. “¿Qué miras?”, dice junto a su oído.

Luego se aparta sin esperar la respuesta, da unos pasos a su espalda; cree que nombra a alguien, a una amiga, un asistente, escucha esos tacones teclear el suelo; hay un punto nervioso o de entusiasmo que ni siquiera se atenúa cuando cierra la puerta.

Pleberio bebe un trago no sin antes considerar la marca de carmín con que ella le ha ensuciado el borde y evitarlo con una mueca de asco.

El mar está tranquilo a esta hora. Es posible.

Bebe otra vez.

Piensa que no se parecía a ninguno de los dos.

 

Javier Sáez de Ibarra (Vitoria, 1961) es autor de los libros de cuentos El lector de Spinoza (2004), Propuesta imposible(2008), Mirar al agua. Cuentos plásticos (2009), que obtuvo el Primer Premio internacional Ribera del Duero, Bulevar(2013), distinguido con el XI Premio Setenil, Fantasía lumpen (2017); además del poemario Motivos (2006) y la novela Vida económica de Tomi Sánchez (2020). Sus relatos han sido incluidos en importantes antologías como Valls, F.; Pellicer, G., Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (2010); Neuman, A., Pequeñas resistencias 5. El nuevo cuento español 2001-2010 (2010) o Encinar, Á., Cuento español actual (1992-2012) (2013). Ha editado la antología de Hipólito Navarro, El pez volador (2008). Publica textos misceláneos y de crítica literaria en Cuadernos hispanoamericanos, penúltiMa, Quimera, Ínsula o Zenda. Coordina la revista digital oxi-nobstante.blogspot.com.