–Llamo del hospital, tengo una gran noticia para usted –dijo la voz.

La mujer se echó a llorar.

 

–Llamo del hospital, tengo una gran noticia para usted –dijo la voz.

La mujer se echó a llorar.

–El lunes le hacemos el implante a su marido.

 

–Llamo del hospital, tengo una gran noticia para usted –dijo la voz–. El lunes le hacemos el implante a su marido.

La mujer se echó a llorar.

La voz se detuvo.

 

–Llamo del hospital, tengo una gran noticia para usted –dijo la voz.

La mujer se echó a llorar.

–El lunes le hacemos el implante a su marido.

La mujer lloró con más fuerza. La voz se detuvo.

–¿No se alegra usted? ¿Ocurre algo?

La mujer temblaba:

–Mi marido ha muerto.

 

–¿Señor Tomás Sánchez?

–Soy su esposa.

–Da igual. Del hospital, para que sepa que el lunes próximo le hacemos el implante del brazo a su marido.

La mujer se echó a llorar.

–¿Señora? ¿Ha entendido lo que le he dicho?

 

La mujer se echó a llorar.

–Bueno, señora, ya sé que hemos tardado un poco, no es para ponerse así.

 

–Bueno, señora, ya sé que hemos tardado un poco, ¿cuánto ha sido?

La mujer temblaba:

–Dos meses… y unos poquitos días…

–¡Huy! Pues no se lo tome así. Hay quienes esperan muchísimo más y ¡en cuanto los llamamos se ponen como locos!

 

–Llamo del hospital, tengo una gran noticia para usted –dijo la voz–. El lunes le hacemos el implante a su marido.

La mujer se echó a llorar.

–¿Ocurre algo, mujer?

La mujer temblaba:

–Mi marido ha muerto.

La voz titubeó:

–¡Oh! Eso es verdaderamente terrible.

 

–Mi marido ha muerto.

La voz titubeó:

–¡Oh! Eso es verdaderamente terrible.

La mujer lloraba.

La voz se atrevió:

–Pero… ¿cuándo?

–Hace tres días.

–Lo siento, señora –la voz se detuvo–; bueno, debían habernos avisado.

 

–¿Ocurre algo, mujer?

–Mi marido ha muerto.

La voz titubeó: ¡Oh! Eso es verdaderamente terrible.

La mujer lloraba.

–¿Ocurre algo, mujer?

–Mi marido ha muerto.

–Pero ¿ocurre algo, mujer?

–Mi marido ha muerto.

–¡Oh! Eso es verdaderamente terrible.

 

–Cuánto lo siento señora. Primero lo del brazo, ahora esto. Quiero decir. A veces la vida qué injusta es.

–Qué injusta.

–Ahora yo la llamo del hospital para decirle que vamos a operar a su marido. Le habrá sentado…

–…

–Y, encima, sólo por tres días.

–… Por tres días.

–También es mala suerte.

 

La mujer lloraba.

–Señora, lo siento muchísimo. Señora… de verdad que lo siento, cielo. Y hace tres días nada más. Debe de estar destrozada, ¿verdad? Y su marido era joven todavía. Ahora, cielo, el brazo lo tenemos nosotros aquí. Claro, esto representa un inconveniente, ¿sabes, cielo, cariño? Claro, mujer, porque tenemos el brazo de su pobre marido, y ya no vamos a poder implantárselo, claro. Lo comprendes, ¿verdad, cielo? Es muy frustrante, claro. Él en un sitio, el bracito en otro; ay, cariño, aunque teníais que haber avisado, bueno, no pasa nada por eso, cielo. Todo está tan reciente, yo lo comprendo, que una no tiene tiempo de pensar en ninguna otra cosa, ¿verdad? A mí también se me murió mi madre, cielo. Esto es distinto, cariño, claro. Porque su marido y usted estaban pendientes de este implante, claro. Y ahora el brazo ya no les sirve. Yo lo entiendo, qué terrible, y por unos días tan sólo, que me dice que si se lo ponemos tres días antes, su marido estaba en el hospital y lo mismo no le había pasado nada, claro, cielo. O sí le pasa. No sé, la verdad es que una no sabe nunca, ¿verdad? Se cree que en el hospital uno está a resguardo y ya ve. Que también puede ocurrir. ¿Y ahora qué hacemos, cielo? Claro porque ustedes el brazo ya no lo quieren. No les sirve para nada. Pero es suyo, señora. Y ha estado aquí, ¿cuánto ha sido?, tres meses. Fíjese. Bueno, ya, que no llega, sí, pero pasa de los dos meses. Son más de sesenta días naturales, ¿me comprende? Claro, cariño. Pues esto conlleva un recargo, cielo, ¿no se lo habían dicho? ¡Ah! Pues sí que lo siento. Todos somos humanos, señora. Un recargo por decirlo así. En realidad es un co-pago, señora. Un co-pago. El cliente tiene que hacerse cargo de una parte de los gastos. Sí, claro, cielo. No digo que sea su caso, que se ve que no lo es. Pero ya sabe usted lo que pasa, hay gente que abusa. Claro, y es bueno que les hagan abonar lo que resulta, sí, cielo, porque así saben lo que cuesta el servicio que se les presta. Sí, bueno, se les podía informar de otra manera, lo que pasa que a la gente que le informen le da lo mismo. Claro, lo que duele es soltar el dinero, perdone por la expresión. Sí, cariño, ya sé que no es culpa suya. Si es que esto no es culpa de nadie. Cosas que pasan. Coincidencias de la vida. De todas formas no se preocupe, no es mucho. No es mucho, o le habrían avisado. Usted tiene que pensar que el brazo ha estado su tiempo en la urna, claro, que no es dejarlo y ya está. Usted lo habrá visto, supongo. Va conectado a un tubito para que se conserve en frío. Es un aparato muy delicado que garantiza que el brazo esté como el primer día. Lo entiendes, ¿verdad, cielo? Ay, de verdad, que sé lo duro que es esto, por eso, es mejor resolverlo cuanto antes y una ya descansa, ¿eh, cariño? Sí, no dejar flecos como quien dice. El procedimiento es muy sencillo. Usted viene al hospital, hace el abono y nosotros le reintegramos el miembro herido. ¿Quedárnoslo? No. Cariño, es una parte del cuerpo de Tomás. Claro. Usted tiene que verlo así: es Tomás. Ese brazo es también su marido. Para nosotros es una MACI. ¿Eh? Ay, perdone por el tecnicismo, una MAsa Corporal Implantable. Sí, suena horrible. Usted tiene que venir a por él. Hay otra opción, cielo, yo no sé si es la mejor para ti. Puedes dejar el brazo en depósito; nosotros lo mantenemos en las mismas condiciones de conservación, el brazo puede permanecer así el tiempo que se quiera. Hay casos que prefieren esta fórmula. Pues sí, por si les hiciera falta alguna vez. No sé, un accidente, ojalá no suceda, de uno de sus hijos, por ejemplo, que con ellos se asegura el éxito de la operación. O de otras personas con las que se pueda probar, usted misma, un familiar, no sé… un amigo. Lo que pasa, cielo, es que, claro, eso también comporta unos gastos de mantenimiento. Naturalmente. Y ahí ya no hay co-pago, es pago íntegro, claro porque no es una necesidad de un paciente, sino ya como si dijéramos una inversión. Una inversión. Sí, lo guardan en previsión de utilizarlo en un futuro. Eso ya no es como si dijéramos una necesidad, cielo, sino conveniencia de ustedes. Hay quien guarda un riñón, un trozo de oreja, un labio, ya sabe, todo tipo de cosas, si usted las hubiera visto… Que yo no soy quién para juzgar. Por otra parte, no es que sea mucho dinero en realidad si nos ponemos así; son mensualidades que se domicilian y uno paga casi sin darse cuenta, como el recibo de la luz o del agua. Ahora claro, cariño, no te voy a engañar, uno mira al final de año lo que supone el brazo, y naturalmente la suma ya no hace tanta gracia. Y total, por un MACI, perdón, por ese trozo de una persona, aunque sea muy querida. Pues a lo mejor no compensa. Yo, cariño, si te soy sincera, te diría que te tomes unos días y lo pienses, porque hay gente que empieza con ilusión por aquello de que era de papá, o del marido o del hijo; y después de estar pagando ocho o diez años, se dan cuenta de que no lo van a usar y renuncian a mantenerlo aquí, y se lo tienen que llevar. Entonces resulta que todo ese dineral, perdone que se lo diga así, todo ese dineral lo han tirado para nada. O sea que más les valdría haber retirado su MACI y gastarse el dinero en otra cosa. Usted tómese el tiempo que necesite, claro, naturalmente. Sí, lo que pasa es que este tercer mes en que estamos ya se aplica la fórmula del co-pago. Claro, cielo. El mes completo se cobra por adelantado. Si quiere que le diga cuánto supone se lo digo, pero va a tener el mensaje ahí mañana. Por eso, cielo, yo no tardaría mucho en decidirlo de todas formas, porque es tiempo que corre y al final son gastos. Sí, cielo, cariño, ¿entonces viene a retirarlo? Estupendo, vas a ver que no te vas a arrepentir. Sí. Además, como hace sólo tres días, mujer, todavía podéis ponerlo en el nicho con lo otro. ¡Ah! Pues si lo habéis incinerado, hacéis lo mismo y lo colocáis en la urna con el resto, así queda juntito, claro. No, aquí las cremaciones no, no nos ocupamos de eso, aquí nos ocupamos de los vivos. Pregunta en Cremaciones, creo que por una pieza sola hacen rebajas. Por supuesto. Mira, te digo en confianza, hay gente que esto lo resuelve por ella misma, ¿sabes? Nosotros te lo damos precintado en una bolsa de plástico, claro. Lo sacas, o con la bolsa y todo, como tú prefieras, mujer. No, ahí no. En el horno. Lo dejas. Al máximo. Bueno, sí, huele un poco. Tú te vas, cielo, vuelves después de un par de horas y ya está. Si no cuentas con otra persona, pues tú, a ver. Lo recoges, lo limpias si quieres; aunque te digo que no hace falta, ten en cuenta que nosotros lo entregamos prácticamente esterilizado. Vendría a ser como si hicieras un guiso, sólo que lo dejas quemarse. Luego sacas el carbón y haces con ello lo que quieras. Naturalmente. Ahora, oye, que este consejo no te lo he dado yo, ¿eh?, esto ha sido personal. Aquí se supone que la gente lo recoge y lo lleva directo al cementerio. Yo sé los gastos que supone todo, el entierro, la conservación del MACI, deshacerse de él. Una barbaridad. Ya lo sé, cariño, ya lo sé, cielo. Es terrible. Sí. Tú piensa que todavía te queda mucho que vivir y que disfrutar. Sí, a tu entera disposición. Para lo que quieras, cielo. Somos un servicio público.

 

Javier Sáez de Ibarra trabaja en un instituto donde imparte Lengua y Literatura. Autor de numerosas antologías, sus estudios y reseñas aparecen en revistas como El Buen Salvaje, El Cuaderno, Quimera o Turia. Es el editor de la obra de Hipólito G. Navarro, El pez volador (2008). Ha publicado el poemario Motivos (2006) y los libros de cuentos: El lector de Spinoza (Páginas de Espuma, 2004), Propuesta imposible (Páginas de Espuma, 2008). Relatos suyos se recogen en las antologías de referencia más recientes y han sido traducidos al inglés. Su obra Mirar al agua. Cuentos plásticos (Páginas de Espuma, 2009) obtuvo el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, y por Bulevar (Páginas de Espuma, 2013) el XI Premio Setenil al mejor libro de relatos del año. Fantasía lumpen es su nuevo libro.Preliminares es la sección donde anticipamos libros que se publicarán en breve, Adelantos que sirven como Preliminares del gozoso acto de encuentro con los lectores en forma de libro, donde la experiencia de lectura se torna verdaderamente material.

Por entregas es una nueva sección que, siguiendo la estela del folletín, alberga piezas publicadas de modo seriado.