A lo largo de una década, la poeta Anne Boyer escribió una miscelánea de ensayos que hablan de resistencia, revueltas, deseo, literatura, enfermedad, políticas sanitarias, capitalismo y una pobreza contemporánea que, en la mayoría de los casos, tiene rostro de mujer. En sus manos, sin embargo, la definición de ensayo salta por los aires y, transgrediendo normas y estructuras canónicas, sus prosas se revelan como artefactos híbridos e impredecibles donde confluyen el análisis objetivo, la poesía y el memoir. Entendiendo la escritura como riesgo y continua exploración de sus propios límites, Boyer no teme a entrelazar la reflexión crítica y política con el comentario en apariencia banal; o a exponer con cruda sinceridad una intimidad atravesada por la experiencia del cáncer y la precariedad, y dejar que asomen el dolor y la rabia, pero también un brillante sentido del humor que desbarata las tenues fronteras entre lo personal y lo colectivo. Con una combinación inusual de perspicacia, audacia, rigor y humanidad, Manual para destinos defraudados, título que llega a las librerías de la mano de Kriller 71 esta semana y del que ofrecemos un adelanto, no ofrece, como el título promete, una simple hoja de ruta, sino una incisiva y necesaria meditación que, a veces más directa y otras, cargada de extrañeza, nos interpela e ilumina.

 

La mujer muerta

Una mujer muerta fue encontrada en una tumba en Siberia. Su tumba contenía carne de caballo, carne de cordero, yogurt, cannabis y una copa hecha con astas. Tenía puesto un camisón de seda amarilla y un tocado decorado con ocho gatos de oro. En su hombro izquierdo tenía un tatuaje de un venado con pico de grifo y cuernos de capricornio. La mujer muerta era calva y llevaba una peluca hecha de pelo de caballo. Probablemente fue una bruja o un oráculo o una poeta. Los científicos que la encontraron dijeron que murió joven, a causa de un cáncer de mama o por hallarse tan débil por él que, cabalgando, se cayó y quebró los huesos. Cuando su cuerpo fue retirado de la tumba, la gente de la región dijo que los bosques empezaron a arder, la tierra empezó a temblar, los vientos soplaron sin parar y los vivos empezaron a querer morir. No me sorprende que la mujer muerta hiciera arder los bosques. La mujer siberiana muerta no podía haber estado contenta con el mundo tal como es. En el siglo V antes de Cristo, cuando murió, había previsto responsablemente los objetos necesarios para el más allá que esperaba – una copa, una muda de ropa, drogas para el dolor–, pero no podía haber previsto la maligna eternidad del ahora, el futuro anatomizado y cuantificado en el que sería examinada y patologizada con una máquina que produce imágenes de resonancia magnética.

 

Maneras difíciles de publicar poesía

El 14 y 15 de diciembre de 2006, empecé a pensar en hacer una colección de maneras difíciles de publicar poemas. En ese año, la poesía se había vuelto tan abundante, que muchos creían que los poemas carecían de valor, y yo pensaba que quizás el valor de la poesía podría restablecerse si los poemas, como los bienes de lujo, se volvían escasos, preciosos, poco comunes y costosos de producir. La idea era ejecutar estas maneras difíciles de publicar poesía, un poema al año, hasta mi muerte aproximadamente a los ochenta y tres años, teniendo así cincuenta poemas publicados de manera difícil a lo largo de mi vida. Por ende, la publicación difícil tendría que ser extenuante, pero no imposible, y ciertamente posible dentro del período de un año, considerando otras obligaciones como el trabajo, la enfermedad, el clima, el amor romántico, barrer el suelo, dormir siestas, la melancolía y la familia.

 

Reproducción

Para un poema de ochenta palabras, engendrar ocho hijos. Darle a cada uno de ellos once nombres (su nombre propio + diez palabras del poema). Enseñar a cada niño diez poses, cada una indicando uno de sus nombres. Tomar fotos familiares de los niños en poses que representen el nombre que corresponde con una palabra en el poema. Pegar juntas las fotos hasta que sea tu poema.

materiales: niños, cámara, cinta adhesiva, ambiente para la crianza infantil

 

Fosforescencia (no transgénica)

Comprar frascos de conserva en ventas de garaje y tiendas de segunda mano. Adoptar cinco gatos negros callejeros. Hacerse amigo de un grupo de estudiantes de primaria. En junio, invitar a los niños y entregarles los frascos de conserva. Cuando caiga la noche, mandar a los niños a vagar por la ciudad recolectando luciérnagas. Servir galletas como recompensa cuando los niños vuelvan. Usar el contenido del abdomen de las luciérnagas para crear tinta fosforescente de tatuajes. Sedar a los gatos negros. Afeitar los costados de los gatos. Tatuar los poemas en los gatos. Cuando los gatos despierten, mandarlos a la ciudad. Esa noche, en la oscuridad, observar cómo los poemas verdes son publicados, juguetean y brillan.

materiales: jarras de conserva, hojillas, gatos, galletas, agujas, fijador fosforescente, sedante

 

Cuando los corderos se alcen contra el ave de rapiña

Esta es la parte más triste de la fábula, la parte sobre el cordero tonto que quería demostrar lo que había aprendido al mundo que seguía siendo, en la lógica del mundo, el mismo. Esta es la parte acerca del cordero que narra, lo cual quiere decir que esta es la parte más triste de la fábula porque el cordero que cuenta su propia historia como cordero es el cordero que ensaya su propia elegía.

El cordero que narra la educación provista al cordero desde su condición de cordero es la clase de cordero que confiesa frente a los lobos. Contar una historia sobre ser un cordero y contarla en el lenguaje de los lobos es contar una historia que es una introducción para el placer del lobo, el preludio a la desaparición del cordero. El cordero, al hacer literatura del depredador a partir de su propia educación, se arriesga 25 ilustrar al lobo acerca de las defensas del cordero. Pues el lobo es una criatura cuya debilidad, como la debilidad de todos los depredadores, es que por sí mismo no sabe casi nada. Como el ave de rapiña, está enamorado de su cena, ajeno a todo salvo a matar.

Esta es la parte más triste de la fábula porque el cordero que cuenta es presa que habla y, más triste todavía, es quien con frecuencia se llama a sí mismo, puesto que habla el lenguaje del lobo, “cena”.

El cordero que habla en las formas dispuestas por los depredadores sobre la naturaleza del cordero es el que deja de poseer la astucia de la multitud de los corderos. Este cordero habla, pero ya no de modo completamente claro. Solo, ya no es un genio del ser que son todos los otros, juntos, cada uno junto al que tiene al lado, percibiendo el conjunto, y nunca con un cordero solo. En esto, el cordero que dice la historia de su educación es cordero cuya educación ha fracasado.

Nuestra educación ha fracasado. Pero creímos que, si abandonábamos la habitación del lobo y volvíamos al estudio del sistema general, podríamos encontrar un remedio para esto.

 

 Anne Boyer (Kansas, Estados Unidos, 1973) es poeta y ensayista. Entre sus obras destacan títulos como The Romance of Happy Workers (2006), My Common Heart (2011), Garments Against Women (2015) y The Undying (2019), por la que obtuvo el Premio Pulitzer de No Ficción en 2020. Boyer también ha sido galardonada con premios como el Cy Twombly Award for Poetry, el Whiting Award y el Windham-Campbell Literature Prize. Su obra ha sido traducida a diversas lenguas, y en los últimos años Boyer se ha consolidado en Estados Unidos como una de las voces más renovadoras y atractivas en el terreno de la poesía y el ensayo. Desde hace una década, imparte clases en el Kansas City Art Institute.