Retirado en Shanghái, Nick Land contempla en la distancia como su legado va cobrando importancia entre la vanguardia filosófica y estética. Los textos que escribió mientras formó parte de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética fueron reunidos hace tiempo en un volumen mítico para los happy few que se han acercado a la obra de este problemático y polémico pensador.  Fanged Noumena reúne sus trabajos más importantes de aquella época,  («Oculturas», «El origen del club Cthulhu» o «Barker en conversación», donde Land exponía, en boca de uno de sus múltiples heterónimos, la asombrosa teoría del Geotrauma). El tecno-capitalismo y el trance digital se dan la mano con la filosofía, la poesía beatnik y el espíritu de las vanguardias, Deleuze y Guattari, el cine de Coppola y Ridley Scott, el horror abstracto de Lovecraft, el ciberpunk de William Gibson, Ballard y William Burroughs… De la mano de sus editores en castellano, Holobionte, compartimos para los lectores de penúltiMa una muestra de su trabajo.

 

La ley del padre dice: «No toques a tu madre.»

La ley de la madre dice: «No juegues entre las tumbas.»

La K significa cibernética.

Bataille incinera el alma, y no se puede sobrellevar. O mueres o te vas a otra parte. O ambas cosas.

Hacer clic en el icono de la guerra-K te envía directo al infierno. A cuatro patas, hasta arriba de drogas, suplicando entre balbuceos: «Déjame ser tu animal de laboratorio.» Lo estás perdiendo.

Colapsas sobre el ahora. Tiempo-cero.

Te han arrojado a una mezcolanza de experimentos criminales que convergen sobre formaciones sociales decapitadas. Éste es el punto en que el bajo materialismo intersecta con el ciberpunk, QUE SE JODA EL MAÑANA pintarrajeado en las paredes.

Cinco velas espesan el cielo nocturno.

Deformaciones dimensionales.

La modernidad inventó el futuro, pero eso ya se acabó. En la versión actual la «historia progresiva» sirve para camuflar tácticas filogenéticas de pulsión de muerte, la ola-Kali, una condensación de la extinción virtual de las especies acelerada logísticamente. Bienvenidos al laboratorio del matricidio: lo deseas tanto que casi puedes oírlo como un grito lento en tu cabeza, borrándose a sí mismo hasta la dicha.

Carne quemada que cuelga de los electrodos: fragmentos suicidas que se estrellan contra el impulso hacia lo oculto.

En lugar de un avance posible se te entrega un producto hipermediático que, se supone, trata de Georges Bataille. No entiendes dónde está la conexión. ¿Por qué los helicópteros, los órganos artificiales, las prótesis, la música maquínica deshumanizada maniáticamente?… Hay mucha confusión en cuanto a la  cibernética del vómito. Repetición obsesiva. El texto se descompone bajo la lluvia radiactiva y mutagénica del termocataclismo virtual. Sacar algo en claro a partir de Bataille nunca ha funcionado. O quizá son las drogas.

Corte a unas grabaciones de baja calidad de Bataille en la televisión, hablando de los circuitos de retroalimentación negativa en los sistemas sociales. La organización de descargas esterilizadas esclaviza la excitación acumulativa a una cancelación y reproducción cuasi periódicas. En una ventana de vídeo en la esquina de la pantalla la iglesia católica es metamorfoseada en un termostato. Bataille divaga de manera excéntrica sobre el horror, pero cuando está a punto de hacer un progreso importante lo echa a perder. Cuando los implantes estén en todas partes será diferente.

[…]

Un animal con derecho a hacer promesas esclavizará lo imprevisto a los signos del pasado, apresando la vida dada en el tiempo dentro de un guión. El instante de innovación a escala variable es encadenado a la temporalidad histórica de lo hereditario, al deber y al pensamiento proposicional, proyectando el tiempo futuro como un dominio persistente sobre el pasado (en correlación rigurosa con una represión de los números reales). El ahora es delimitado como un momento, y pluralizado como una sucesión lineal.

El síndrome teopolítico de la falsa memoria deifica a la razón, subordinando los sistemas distributivos a la serialización, al tiempo histórico unitario, al determinismo lineal a partir de un elemento primordial seudotrascendente, así como al dominio de la palabra. Los gerontócratas monoculturales lanzan su ataque demente y bañado en luz blanca contra el nomadismo anfibio, ahogando la tierra con sacerdotes, policías y burócratas. Erradicación cultural de lo sagrado. Encarcelamiento dentro del rostro. El socius canceriza una cefalización concentrada, racionalizándose a sí mismo dentro del capital nuclear. Para sus comunicaciones en paralelo, la insurgencia-K recurre a la clandestinidad de los espacios de lo oculto.

[…]

A medida que aceleras la simulación del proceso industrial, ves cómo converge con una carnicería a cámara lenta que trocea el cuerpo en partes intercambiables de formato comercial. El ciclo completo del mercado laboral se vuelve una picadora de carne. ¿Acaso la codicia ha terminado por devorar a alguien que no estuviera demasiado próximo al mal? Cuando le preguntas a la encargada de continuidad si Bataille comprendió mejor que Weber la conjunción entre el anticristo y el capital, ella ríe fríamente y dice:

–Se quedó sin yang justo cuando el viajecito de Hitler se fue a pique. Después de Auschwitz, el orgasmo es imposible.

Te quedas pasmado, pero ella se limita a encogerse de hombros desdeñosamente.

–Desenfoca el deseo a lo largo de la piel, justo donde puede hacer daño a la seguridad –añade–. Es la guerra. –La cámara explora su entrepierna y ella empieza a contonearse–. Pues sí, yo soy Dios.

Y a continuación un bombardeo de imágenes de astronautas muertos.

[…]

El exceso anónimo lleva a la vida al borde del barranco, sobrepasando las transgresiones socialmente útiles y los sacrificios homeostáticos. La materia ha enloquecido. Te han llevado de la mano ante una simulación de Dios como un constructo securacional ROM hipermasivo en el confín del mundo. Es el año 2011 y la monocracia de Nueva Jerusalén se aproxima al clímax, dirigiendo a los brotes de contrainsurgencia retrocronal de vuelta hacia la jungla, donde los programas espaciales se difuminan en la inercia del mito. El sueño definitivo del poder antropomórfico se precipita hacia su inmaculada concepción, pese a que los robots esclavos del orden fálico se lamentan de su adoración. Jesús quiere que seas una marioneta de carne. ¿Es esto canibalismo ritual o nanoingeniería? El viejo bastardo está de regreso, tal como había prometido.

La guerra contra dios es caliente y blanda. Más encarnizada que nada humanamente imaginable y a la vez alisada por la inteligencia insidiosa. La lista de bajas va en aumento. Pulso metronómico salvaje. El sistema nervioso palpita al calor de los virus del ciberespacio. El output motor alimenta la matriz tecno-trance entre gemidos de voltajes.

Las olas de desocialización arrasan el espacio telecomercial, hasta que la inminente extinción humana se vuelve accesible como la entrada a una pista de baile. ¿Cuál es la escala del ahora? No es una cuestión de informar a la mente, sino de desprogramar el cuerpo. Entre las luces estroboscópicas, la frialdad artificial y los ritmos del ataque inorgánico, la maquinaria de guerra-K del lado oscuro persiste, seduciendo a las fuerzas del monopolismo hacia las zonas de fuego abierto de intensidad fatal, donde sexualidades anorgásmicas promiscuas se deslizan a través del espacio táctil y serpentean en fractales hacia una distribución eléctrica de conflictos húmedos, continuos con sus efectos terminales. El descenso permanente rastrea el pasaje de la subjetividad evaporada hacia el plano de grado cero de la continuidad neuroelectrónica.

Los Loa merodean por los áticos de la inteligencia. Nada puede llegar a menos que ya esté allí. La tecno-nada precoz. Océano nocturno. Materia oscura. Pesadilla.

[…]

El cero (el tiempo en-sí) posee un valor posicional consistente o neutro de la magnitud; ejecuta una función de escalada abstracta por medio de insertar la virtualidad en las secuencias de dígitos. Designa un cuerpo cósmico, real y no-específico en la interconmutación de comunicaciones prohibidas, localizado simultáneamente en la fractura del tiempo. Has olvidado haber estado en el futuro. Así que esto es lo que se siente al ser un módulo de wetware bélico ciberiano, coagulado por una predación nanotécnica tensa como un gato; un cántico incesante hace clic en el enlace del paquete sónico: matar, matar, matar, matar

Viajando sin moverse del sitio, el sentido cortocircuita a través de escenarios del matricidio hacia tactilidades negras, maternidad arruinada, aborto, autismo. El deseo fútil de no haber nacido y conectar con la muerte antes de su ascenso patriarcal hacia lo simbólico. Esquilo en vez de Sófocles. El olor a miel fermentada de los cadáveres que maduran al sol.

El androide Bataille está esperándote en el bar. Tranquilas alucinaciones pintan a Orestes sobre sus rasgos. Los ojos nublados en nihilismo, lagunas de negrura verde que iteran a Kurtz en el confín del río. Cirugía plástica de la piel tensa. Sonríe como un cuchillo de carnicero que acaricia suavemente tu garganta. Para tu sensibilidad de vampiro, él huele a la sangre de su madre, a intimidad intolerable y devastación. Te tiende un vaso de mezcal.

«Así que todo ha terminado», murmuras entre dientes. Él se encoge de hombros, vacía su vaso y vuelve a llenarlo. El metal se flexiona debajo de la piel cultivada en la tina. Trallazos de jungle duro a través de la niebla azul.

 

Fotografía: © John Robertson

Nick Land (UK, 1962) es una de las figuras más abrasivas, oscuras y geniales de nuestro tiempo. A mediados de los noventa creó la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética (CCRU) junto a Sadie Plant en la Universidad de Warwick, y desde entonces su leyenda ha ido en aumento. Sus trabajos de aquellos años son un género propio de filosofía experimental en la que se conjura una metafísica esquizofrénica, la tecnología invoca entidades insondables y la voz humana se desintegra en el trauma cósmico. Términos hoy populares como «hiperstición» y «teoría-ficción» provienen directamente de las prácticas de Land, y el aceleracionismo es otro de los fenómenos deudores de su pensamiento. Además de los trabajos recogidos en Fanged Noumena, los innumerables textos esparcidos en la web y las obras cacofónicas nacidas de su actividad con el CCRU, Land es autor de The Thirst for Annihilation (1992), y desde su actual retiro en Shanghái dirige los sellos editoriales Urbanatomy y Time Spiral Press. Descrito como «nihilismo rabioso», «deleuzianismo negro», o simplemente «cibergótico», el pensamiento de Land fue un caldo de cultivo explosivo para toda clase de creadores, y su importancia sólo hoy empieza a ser redescubierta, con el auge de las teorías aceleracionistas y los filósofos del «realismo especulativo» que crecieron bajo su influjo.