Compartimos con los lectores de penúltiMa un texto inédito de Eduardo Magoo Nico, recién llegado a través de la fibra óptica desde Trieste, donde el autor continúa su exploración personal de la escritura y sus recovecos, opción que puede calificarse de cualquier cosa menos errónea habida cuenta que la ciudad tiene dos genios literarios tutelares como Italo Svevo y James Joyce.

 

Work in Progress de Juan Abrapampa Rodríguez. (1)

I

Luego de una larga charla con Wanda, anoche, terminé de convencerme… Queridos amigos, habiendo nacido hermafrodita he decidido finalmente salir del ropero y abrir mi vagina al mundo. Estoy dispuesto, en el dorado esplendor de mis facultades, a ofrecer mi vientre para traer al mundo con cualidades genéticas excepcionales, niños que tal vez un día, podrán ayudar a recuperar la humanidad del marasmo en el que se encuentra, y evitar la definitiva extinción de la especie.

También quisiera (siempre con la ayuda de Wanda) crear un banco de semen que lleve su nombre, en el prestigioso Laboratorio de Biología Marina de Trieste (donde trabajara en su época como biólogo, Sigmund Freud) (1) y para ello, cuento con la aprobación de la doctora Fabbris, que lo dirige con mano férrea desde su fundación. Partiríamos con la colaboración de importantes donantes (con características diversas) que se irán sumando, con la ayuda que pone a nuestra disposición la ingeniería genética, hasta alcanzar una gama que amplíe el espectro de lo humano (tal como lo conocemos hoy). Iniciaremos nuestro trabajo de fecundaciones in vitro, con los aproximadamente cincuenta litros de semen congelado recogidos desde el inicio de la Pandemia por el extraordinario poeta y escritor Eduardo Magoo Nico, y otros tantos donados por el fotógrafo (genéticamente superdotado) Alexandro Perez Huidobro (baste mencionar su dentadura perfecta, su total ausencia de enfermedades, su resistencia a todo tipo de tóxicos, y los ochenta pelos por poro, que lo dotan de una cabellera absolutamente impermeable, cuya sedosidad es sólo comparable a la de la Chinchilla o más aún, a la de la Marta Cibelina, por no mencionar al Visón que ha caído en desgracia con la primer Pandemia).

Contamos además, con la disposición a colaborar de mi viejo amigo el pulpo Julian Gayarre (para las familias que prefieran un hijo cefalópodo), o una combinación de ambas especies, que hoy por hoy, diría yo, es la mejor opción parenteral, no sólo por su multifuncionalidad y la extrema delicadeza e inteligencia de los pólipos en general, sino además porque el Laboratorio de Trieste ha ya “estandarizado” las técnicas necesarias para su clonación. Piensen ustedes que Julian Gayarre (que originalmente fuera uno de los clones del famoso Pulpo Paul) ya lleva doce clonaciones en su haber, que no han hecho sino mejorar sus prestaciones, y sus posibilidades de vida autónoma. A esta lista se irían agregando otros voluntarios con particularidades excepcionales, luego de superar desde luego, una muy estricta selección.

En principio Wanda (como tantas otras) querría tener un hijo con Lukaku, pero no sé si Rómulo estará de acuerdo, y si su religión se lo permite. De todos modos como ya me advirtió la Fabbris, estando aún en la fase experimental, si vemos que algo no funciona bien con el embrión, lo metemos en el microondas y a otra cosa…

Una idea que yo tenía era la de generar un hijo de Alexandro Perez Huidobro con Miryam Bregman, pero en primer lugar está por verse si los renacuajos de Alexandro todavía colean, o si están aletargados por el abuso de sustancias. De todos modos en Trieste tenemos un acelerador de partículas subatómicas, y si le pegamos dos o tres aceleradas a esos espermatozoides, yo creo que se ponen como locos nuevamente. La otra es convencer a la troska para que entregue un óvulo, pero en nombre de la ciencia  y de la humanidad, y conociendo las virtudes genéticas del futuro padre, no creo que se oponga.

 

II

Viviendo como vivimos en una época carente de utopías, he recibido pocas respuestas válidas a mi primer bando en el circulo de mis “amigos” más fiables. Lo cierto es que para quién ha vivido y sufrido veinte años de exilio, los viejos amigos no son más que ideas platónicas, congeladas en un determinado estado de nuestro desarrollo físico y mental, que ya no se corresponden con la realidad. Los que hemos vivido por un largo período fuera de nuestra casa común (los griegos no concebían un castigo mayor que el exilio, ante el cual preferían muchas veces, como el mismísimo Sócrates, matarse) estamos rodeados de una cantidad de fantasmas del “viejo pasado”, con los cuales seguimos dialogando en sueños, o en un trabajo mental o virtual exquisitamente neurótico, del que parten nuestras mejores ideas y nuestros peores momentos. Pero sí, he recibido, debo decirlo (la excepción que comprueba la regla) alguna respuesta interesante. Destaco la de un historiador del teatro correntino (Guillot Amenábar), a quién supongo como futuro postulante (por envidia) al banco de semen, de la cual me ocuparé en un aparte.

 

III

Ahora que por fin estoy abriendo los labios dobles de mi memoria, a una costra de recuerdos fosilizada en las paredes de mi abismo personal («il pozzo senza fondo» como suele llamarlo el Mester Giampietro). Aparece en él en primer lugar la imagen del Puente Pacífico, del Ferrocarril San Martín, en su cruce elevado sobre la Avenida Santa Fe, en pleno barrio de Palermo (para los foráneos, ciudad de Buenos Aires), donde mi madre se prostituía en un período fulero de nuestras vidas, aterrorizada por la epidemia de poliomielitis que hacía estragos en mi barrio (que no era ese, por cierto) y por el acoso de la miseria. Fueron esos años terribles, los que siguieron al golpe gorila del 1955 en la República Argentina. Mi viejo se cagaba de hambre con el bandoneón, y yo era el tercer hijo, el rubiecito lindo, al que le decían el «gringo» o «rojitas» (por el Comandante Rojas, miembro de la junta golpista). Encima le había nacido hermafrodita, el marmota, lo que de por sí era una vergüenza enorme para mis padres, y hasta habíamos tenido que cambiar de casa por ese motivo, para que no nos siguieran persiguiendo con estudios demenciales los del Hospital de Clínicas (me exhibían desnudo en el Teatro Anatómico, ante una platea de estudiantes degenerados, deseosos de manosearme, entre otras cosas).

Cuando mi madre se enfermó de una venérea, empezó a llevarme también a mí, a Pacífico. No era muy divertido, había una larga fila bajo la sombra del puente, o más discretamente en los alrededores. Podían ser colimbas, viejas veteranas del oficio, chicas del interior, jóvenes disfrazados, marineros y de todo un poco. A mi me trataban bien, y me regalaban algún caramelo. Yo creo que no había cumplido los seis, porque todavía no iba a la escuela, y tuve que aprenderme bien la palabra «hermafrodita», porque mi madre me decía que cuando se presentara algún señor, yo tenía que decir: «Yo soy hermafrodita. ¿Quiere ver?». Mis recuerdos de aquel corto período no son los que han hecho de mí el que soy (espero) porque quedaron cancelados de mi memoria por largos años. Pero conocí (eso sí que no lo olvidé) todas las golosinas del mercado de entonces: el chupa-chupa, los caramelos media hora, los chicles bazooka, y unas flautitas de caramelo (que sonaban y todo) que me encantaban, les decían «las flautitas de Bartolo» porque tenían un agujerito solo…

 

IV

Desde que llevo herrados (clavados) muy a mi pesar, los zapatos rotos de la literatura (que viene a ser como un segundo emputecimiento), veo de continuo la cara de Witoldo en las fotos y pienso. Pienso en las arrugas tan finas de su rostro, pienso en su mirada siempre al sesgo y afilada, y en su manera de hablar, que me costaba un gran esfuerzo entender… Mi madre me ayudaba y me traducía algunas cosas, porque había crecido en una escuela de monjas francesas, en Llavallol, y con él hablaba a veces en francés (intuyo que cuando hablaban de mí). Witoldo era curioso, como todos, y quiso ver con la ayuda de una linterna mi sexo, y meter el dedo (que era lo único que mi madre permitía que me hicieran). Pero luego como era un habitué del Puente, se paraba siempre a charlar un ratito conmigo, con su sombrero, su pipa y sus maneras bruscas y elegantes.

Me hablaba del mundo clásico (que era, según me explicó mi madre, un tiempo muy antiguo, cuando la gente hablaba todavía en Griego) y me decía que en una plaza de una ciudad que se llamaba Atenas, había una estatua de uno como yo, que era venerado y visto casi como una divinidad (para mí divinos eran Pedrito Rico y Rosamel Araya). Me dijo además que no escribiera versos nunca, que era la peor cosa que me podía ocurrir en la vida. Yo le recité uno que me sabía de memoria: «En el cielo las estrellas, en el campo las espinas, y en el medio de mi pecho: ¡La República Argentina!». ¡Ves! Me dijo. Te parecen lindos porque son redonditos, como un culito bien modelado, pero si escarbás un poco, no encontrarás más que un montón de mierda… Poco después empecé el colegio, me enamoré de la maestra y me olvidé de todo.

 

V

(Respuesta de Juan Abrapampa, a su amigo Guillot Amenábar).

Querido Guillotín, tú pareces ser el Primer Adelantado (como Álvar Núñez Cabeza de Vaca) o el único capaz en entender, al menos en parte, mis proyectos. Y de hecho tienes un lugar asegurado en el Arca del Futuro Mundo Sustentable, dedicada como está, a los seguramente escasos sobrevivientes de las catástrofe en curso. Desde ya ofrezco mi vientre fecundo, a ti y a tu mujer, si quisieran experimentar nuestros métodos. Se ha sumado a nuestro equipo la hija de la doctora Ana Aslan, quien trabajara en Cuba con Raimundo Torres Díaz e Israel Brekhman, desarrollando proyectos de «Longevidad con Calidad», gracias a lo cual hoy puedo considerarme un hermafrodita completamente renovado, y en la plenitud de todas sus capacidades amatorias y reproductivas.

Me preguntas por el Gran Maestre Giampietro, te diré, él está siguiendo otra línea de trabajo (en un estadio todavía larval) junto a María Campanelli (necesitan, digamos, de «ingentes recursos” como para seguir adelante, pero opino que los Chinos ya se están ocupando del asunto). Su línea es la del «Comunismo Robótico», y ha sido presentada en una video-maqueta con gran suceso (acompañada de una excelente performance de la «Academia della Follia») en el Museo Cará, de Muggia, Italia. Los dos proyectos pueden llegar a confluir en un próximo futuro, por ahora dejamos que nuestro trabajo siga su evolución de manera independiente.

En cuanto a Wanda, no veo porqué hay un dejo de menosprecio en tu carta. Yo soy un viejo amigo de su familia, y es ella la que financia todo el proyecto (por ahora reservado) del Acuario de Trieste (clonación del Pulpo Paul, duodécima clonación de Julián Gayarre, con avances notables en ingeniería biólogica y nanotecnología) y el proyecto del Laboratorio de Biología Marina de Trieste (bancos de semen con campeones genéticos súper seleccionados, procesos de fecundación in vitro de fetos inmunes a todas las enfermedades conocidas, y al más amplio espectro de virus, incluyendo todas las variedades del SARS y de Ébola, y por último, gestación en vientres masculinos a partir de modificaciones del genoma humano cosa que llevaría a una futura comunidad con un amplio número de hermafroditas).

Como ves, las apariencias engañan, y ella (como en su momento Marylin Monroe y su avidez por la cultura humanística) siempre tuvo en su intimidad, una verdadera pasión por la ciencia. En especial la antropología genética, a la cual ha dedicado años de estudio. (Mas allá de ello, y esto sí es secreto, creo que su último hijo es mío, pero jamás quisimos ni siquiera mencionar el tema, porque la pobre ya se comió un bajón con los hijos del otro idiota, como para volver a empezar ahora con el buenazo de Ricciardi, que se ocupa de los chicos y no rompe las pelotas).

Bueno viejo, creo que respondiéndote, también aclaré algunos puntos al resto de la gilada, que no debe salir de su estupor. Mis presentes a la “rotisera prodigiosa” y a las Comparsas Correntinas, de las cuales tú has sido desde siempre mesenas, mentor, e historiador. La doctora Fabbris está interesada en tomar un muestreo en esa zona, durante el próximo Carnaval (si es que se realiza).

¡Que viva el Partido Artiguista Auténtico! ¡Y que la vida triunfe, aunque yo perezca!

Hago extensivo mis saludos a toda la barra.

Con el mayor de los respetos:

Juan Abrapampa Rodríguez.

(Guardián Nocturno del Acuario de Trieste).

 

(1) Esta es una transcripción de textos y comentarios confidenciales del mismo Juan Abrapampa, realizada por Eduardo Magoo Nico y finalmente autorizada por el autor, para una acotada y restringida difusión. Por ahora sólo queda por decir que este es un proyecto abierto (a los pocos que tienen conocimiento de él) del que cualquiera de ustedes puede participar. Se aceptan ideas y donaciones. Abrazo de pulpo. ¡Y que sigan los éxitos!

(2) En 1876 el joven Sigmund Freud gracias a una beca ministerial, desarrolla en la Estación Zoológica de Santa Andrea en Trieste (luego Laboratorio de Biología Marina) una investigación sobre el sistema reproductivo de las anguilas. Es de hacer notar la profunda e intima amistad que lo unía a la doctora Fabbris, que por entonces fuera su asistente, guia e intérprete. Freud examina unas 400 anguilas al microscopio, y escribe su primera publicación como biólogo: Beobachtungen über Gestaltung und feineren Bau der als Hoden beschriebenen Lappenorgane des Aals (observaciones sobre la conformación  e íntima constitución del órgano globoso de la anguila, descripto como testículo). Volverá a Trieste en 1895 y en el 1904, y en esta última visita advertirá una sensación extraña: el deseo improviso de viajar a Grecia… Es que Trieste como lugar del Inconsciente, anuda en sí, tanto el sueño del Mediterráneo como el ansia nórdica. Un binomio que impregnará de allí a poco, una formidable estación de la Literatura. 

 

 

Foto de Alejandro Pi-hué

Eduardo Magoo Nico nació el 22 de marzo de 1956 en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Publicó en Argentina su primer libro de poemas, La Polaca (edic. Cronopio Azul, 1995), el relato Resurrección, en el diario Perfil, de Buenos Aires (6/1/2008), y el libro de poemas Puros por Cruza (Editorial El fin de la noche) en 2011. Víctima de la crisis económica que en el 2001 asola a la Argentina, se traslada a Trieste, Italia. En Italia ha publicado la fotonovela Escuela de Sirenas en el suplemento semanal de el diario Il Manifesto (Alias-9.02.2002). En 2011 es convocado por el Museo Nacional y Centro de Arte Reina Sofia de Madrid, para la muestra colectiva “Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina”, curada por Ana Longoni. Su próximo poemario “Servidumbres” ha demorado su publicación por la Pandemia que congeló por largos meses toda la actividad editorial en Italia.