La libertad está bastardeada. Tantas veces se ha usado la palabra libertad para cosas que nada tiene que ver con la libertad. En la sociedad que nos ha tocado vivir la libertad parece ser poder consumir lo que uno quiera. La libertad es tener mil tipos de mostaza en el supermercado para llevarnos la que mejor maride con la salchicha barata que elegimos entre mil salchichas baratas en la sección de carnes preparadas. Pero la libertad es otra cosa, y eso sospechan tanto Tomi Sánchez, que es el protagonista de esta historia, como Javier Sáez de Ibarra, que es su creador.

Mi papá es bueno. Por la noche nos saca de casa para educarnos. Miramos a la gente que deja la calle y se va a su casa. También nos dice que miremos a los pobres que ya están durmiendo en el suelo. Una vez nos mandó que cerráramos los ojos y nos imaginásemos que nosotros éramos ese pobre. Yo lo hice (mis hermanos pasaron). No me gustó nada. Me imaginé tumbada encima de unos cartones y de un colchón todo sucio, me daba la vuelta y por el otro lado estaba igual de sucio. Además, hacía mucho frío, yo me tapaba con una colcha; el aire se colaba, me hacía tiritar, y no me podía dormir. Mi papá nos contó que en un sitio que se llama Valladolor, una noche que hacía mucho frío, enviaron a la policía para quitarle a un hombre su colchón y su cobija. Por navidad, me parece que fue. Le quitaron todo lo que tenía porque decían que lo había robado seguramente. Me di cuenta de que, si no fuera por esas pocas cosas que tenía, sería muchísimo peor para él. Mi padre nos dice que aunque lo pasemos mal pensando en esos ejemplos de verdad, nos ayudará a ser buenas personas. Ahora no: de mayores. Yo ya lo he entendido, pero no quiero que nos mande hacerlo más veces. A mi hermano Vigor lo obliga a estar más rato que a nosotros, porque dice que todavía no lo ha aprendido porque es muy egoísta. Es verdad. (Hasta un día lo obligó a que hablara con uno de los pordioseros y le diera la mano, qué asco.)

También nos dice que tenemos que aprender a pensar con lógica. Es como un juego; mi papá nos pregunta por qué hay tantas luces en la calle, para qué cambian las paradas del autobús casi todo el rato y ponen palos de hierro en las aceras, y para qué mejoran tanto la ciudad. Nosotros no lo sabemos, luego nos explica que la llenan de cosas inútiles y encima bastante caras, en cambio no remedian la miseria de mucha gente. Mi padre nos ha dicho cien veces que debemos aprender a razonar y a relacionar, que eso no lo enseñan en el colegio. Dice que en el colegio nos dan mucha información, y que no es bueno porque se nos llena la cabeza y ya no nos funciona. No sé responder, aunque lo pienso, a mí me gusta ir al colegio, creo que porque todavía soy pequeña.

Mi papá pasea con nosotros por la calle, a veces se tiene que sentar porque le da mucho sueño; se aguanta porque nos quiere explicar sus conocimientos. Por ejemplo lee los nombres de las calles de personas famosas que se murieron, y nos cuenta cosas de ellas. Da mucha pena saberlo, hay nombres de gentes que hicieron sufrir a muchas personas, incluso que mataron a personas. También hay algunos de gente buena, aunque pocos. Sobre todo hay placas de alcaldes, gobernadores y hombres ricos. Sus amigos los pusieron en las placas para que nadie se olvide de ellos, de los nombres. Mi padre nos ha demostrado que dicen mentiras, yo creo que casi todo es mentira.

Yo y mis hermanos lo pasamos bien cuando jugamos a “hacer experiencias”. Mi padre nos dice que sintamos la noche, o el frío, o los bordillos; nos hace caminar con los ojos cerrados y tocando con las manos las cosas, a ver si vemos las diferencias. Me encanta ese juego de las texturas. Nos pide que nos quedemos callados un buen rato, cinco minutos por lo menos, cuando menos te lo esperas se oye el viento, o rumores, un pitido, o ruido de gente que pasa a lo lejos; de todo. Solamente escuchar también puede ser divertido. Quiere que experimentemos cómo son las cosas de la realidad. Una vez, mi hermano Energía se quitó la ropa para sentir mejor el frío, y mi padre le dejó hasta que vino gente por la calle. Yo también me quité la camiseta una vez a ver qué se sentía. Le gusta que nos demos la mano y hagamos una especie de serpiente que va avanzando, despacio, hay que respetar el paso de cada uno porque si no no vale de nada, es para comprender que cada persona tiene su ritmo. Algunas cosas no las entiendo bien, aunque las hago. Mi padre dice que la calle es de todos, y que podemos ocuparla, mejor de noche que no nos regaña nadie. A veces corremos por donde van los coches y nos sentamos en la acera o en los portales. A mi me encantan los portales, mi padre nos dice que imaginemos que son bocas misteriosas que se tragan a la gente y luego la escupen. Nos burlamos de ellas. También solemos jugar a que somos extranjeros que llegan a la ciudad y no la habían visto nunca. Sientes que puedes hacer lo que te apetezca, bueno, casi. Es muy divertido. Mi padre quiere la libertad, por eso me puso este nombre a mí. A mí me encanta.

Yo sé que cuando salimos de noche con mi papi y mis hermanos a la calle es para aprender, como un colegio de nosotros solos. Se disfruta más en verano porque nos acostamos tarde. También me da un poco de vergüenza; parecemos bichos raros, somos la única familia caminando a esas horas cuando no queda nadie fuera. Mi papá se enfada con nosotros si protestamos, aunque disimula. Unas veces me río, y otras me da pena todo lo que nos cuenta. A mí me gustaría irme a otro sitio donde no hubiera calles de gente mala ni personas pobres. Mi hermano mayor siempre se ríe de mí; dice que no existe ningún sitio mejor que este donde vivimos nosotros, y que hay muchos muchísimo peores. Dice que en otros sitios todos son pobres y no saben ni que lo son. En vez de calles, sólo tienen caminos de tierra y de barro, sin farolas, ni paradas de autobuses. A mí no me gusta que hable de eso y le digo que no me cuente nada.

Nuestros profesores, de mi hermano Energía y mío, han llamado a mi mamá y a la suya; están enfadados porque nos portamos mal, no hacemos caso. A veces nos da sueño en clase. Yo me duermo y no presto atención suficiente. Mi mamá me ha dicho que papá nos quiere, lo que pasa es que está un poco loco, bueno, no lo ha dicho exactamente con esas palabras, pero se entiende. Papá no está loco. Papá tiene razón, aunque yo ya sé que casi nadie piensa como él. Y por eso dicen que parece un poco chiflado. Mi padre hace lo que cree que es mejor para nosotros, somos sus hijos y nos quiere muchísimo. Mamá se va a quedar a partir de la semana que viene conmigo; Energía también se va; Vigor no. Vigor dice que no lo piensa dejar. Y yo me alegro porque así no se quedará solo.

Por un lado es mejor, porque llevaremos una vida normal como los demás niños; por otro lado, a mí me gusta lo que hace mi padre. Cuando salimos de noche los otros chicos están dormidos ya; en cambio nosotros aprendemos cosas distintas, pensamos cosas diferentes, yo creo que así se nos desarrolla la imaginación. Y eso es bueno para los niños, para nuestro futuro. Mi madre dice que no son más que tonterías que mi papá nos mete en la cabeza, ideas malas que nos hacen daño. No lo sé seguro. Cuando viva con mamá sé que todo será distinto. Cenaremos a nuestra hora y nos dejará ver un rato los dibujos mientras cena ella o se toma algo con su novio; tendremos que leer algún cuento antes de acostarnos, a la hora en que se deben acostar los niños. Yo no pienso dormirme, voy a quedarme despierta recordando todo lo que hemos hecho con mi papá; lo voy a echar mucho de menos. (Bueno, lo voy a ver a él y a mis otros hermanos algunos fines de semana, eso me lo han explicado.)

Lo que a mí me gustaría de verdad es pasear todos juntos en un mundo feliz, ver cosas distintas y volver a casa, y luego irnos a la cama felices a dormir.

Es lo que me gustaría. No sé qué más decir sobre esto.

Javier Sáez de Ibarra trabaja en un instituto donde imparte Lengua y Literatura. Autor de numerosas antologías, sus estudios y reseñas aparecen en revistas como El Buen Salvaje, El Cuaderno, Quimera o Turia. Es el editor de la obra de Hipólito G. Navarro, El pez volador (2008). Ha publicado el poemario Motivos (2006) y los libros de cuentos: El lector de Spinoza (Páginas de Espuma, 2004), Propuesta imposible (Páginas de Espuma, 2008). Relatos suyos se recogen en las antologías de referencia más recientes y han sido traducidos al inglés. Su obra Mirar al agua. Cuentos plásticos (Páginas de Espuma, 2009) obtuvo el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, y por Bulevar (Páginas de Espuma, 2013) el XI Premio Setenil al mejor libro de relatos del año. Fantasía lumpen es su nuevo libro.Preliminares es la sección donde anticipamos libros que se publicarán en breve, Adelantos que sirven como Preliminares del gozoso acto de encuentro con los lectores en forma de libro, donde la experiencia de lectura se torna verdaderamente material.

Por entregas es una nueva sección que, siguiendo la estela del folletín, alberga piezas publicadas de modo seriado.