Tomi Sánchez, o su creador, Javier Sáez de Ibarra, tienen más que ganado el merecido descanso, pero no se lo permiten y, semana tras semana, retornan a su cita con los lectores de penúltiMa. Lejos de bajar el ritmo lo intensifican, como demuestra este capítulo donde narrativa y lírica se mezclan para entregarle nuevos matices a esta novela por entregas.

 

Llegan las familias tras la conquista; la llanura del agua como recompensa.

Agradecen un cielo más alto y más claro. Reivindica al fin el horizonte su nombre.

Los edificios son erigidas estatuas de la costa. Vela un orden. El mar a su servicio.

 

Vigor, deja en paz a tu hermana y tómate el sángüis. ¡Libertaaaaad!, ¡ven! Que la dejes en paz te he dicho, hombre. ¿Quieres zumo? Tienes que beber zumo. Energía, para un momento, hijo. Libertad, tienes mojado el bañador, no te sientes en la toalla. Que no te sientes en la toalla. No. Que he dicho que eso no. ¡Vigor, estate quieto! Qué viento se ha levantado ahora, ¿eh? Coge otro. Ese de queso y jamón. ¿Que no te gusta si siempre te han gustado? ¿Qué quieres, Sofía?, ¿qué te pasa? Comed ensalada. Ensalada. Pasi, cariño, se te está cayendo. Cógelo, así. Te está pegando el sol. Vigor, quieto. No es ella, eres tú. Dile algo, Tomi. Vigor. Deja la pala, porque estás llenando todo de arena. Luego juegas. Luego. En cuanto acabéis. Sí. Qué bien come mi niña. Y tú también, cariño. Después os bañáis, más tarde. Ahora no se puede. No, porque no se puede, hay que terminar esto primero. El pan también se come, no sólo el relleno, ¿eh? Así me gusta. Vigor estate quieto, por favor, deja a tu hermana. ¡Huy, qué cara! ¿Qué le pasa? Se ha atragantado. Por meterte todo en la boca. Tose, tose. Así. Límpiale, anda, ahí le ha quedado un poco. Tira eso. Y tú, límpiate antes de beber. ¿Te lo doy yo? Muy bien, dulce. ¿Quién quiere más zumo? ¿Tú también vas a beber? Bieeeen. A ver, a ver dónde vas tú. Quieta. Yo te doy pero si tú puedes. Claro, mastica, mastica más ¿eh? Que te lo tragas todo. ¡Vaya pedazo! Oye, que aquí no hay que correr a ver quién gana. Con la servilleta, tienes las manos llenas de arena. Así, bien. Cuidado, ten cuidado. ¿Me quieres hacer caso? Usa la servilleta te estoy diciendo, ¿qué es eso de limpiarse con el brazo? No te pongas de pie, quédate debajo de la sombrilla; así, sí. ¿No quieres otro?, con lo bueno que está. Comed ensalada. Tú has comido poquísimo. Claro que sí. Está comiendo poquísimo, y eso que dicen que el agua abre el apetito. Vigor, estate quieto.

Buenos días. Buenos días, agente. Por favor, licencia de alimentación. ¿Qué licencia? Licencia del Ayuntamiento para consumir alimentos en la playa. Nosotros no tenemos licencia, no sabíamos que teníamos que pedir ninguna licencia. Nadie nos ha avisado. Pues es una ordenanza de hace ya tres años. Es que nosotros es la primera vez que veraneamos aquí. Es una ordenanza que afecta a todas las playas del país. Ya. ¿Y para cualquier comida? Para toda ingesta de alimentos y de bebidas, da igual si es una comida, una cerveza o una bolsa de patatas. Ya, ¿y eso dónde se saca? En las oficinas municipales, todos los días laborables de nueve a una y media en horario ininterrumpido. Ahora ya no llegamos. … Entiendo que no tienen ustedes la licencia. Pues ya le he dicho que no; y estamos en el medio de la comida con los críos. En ese caso tengo que comunicarles que deben abandonar este espacio público. ¿Y no podemos hacer alguna otra cosa? Sacarla mañana martes. ¿Y ahora? Ahora tienen que desalojar. Hombre, en medio de la comida, ¿cómo vamos a ponernos a recoger todo? Si quieren, les dejo que acaben; eso sí, tengo que sancionar. ¿Cómo? Si quieren que les permita quedarse, tengo que ponerles una sanción; el documento de la denuncia les sirve para terminar su almuerzo. Ya. ¿Cuánto supone? Ciento diez con sesenta. ¡Fiuuu! ¿Qué hacemos? No sé, Sofía, ¿nos vamos…? Pero cómo. ¿Y si dejamos de comer podríamos quedarnos?

 

El marino, vencedor de marejadas, visitó este litoral en su desnudez. La brisa vaticinó cambios que no fueron exactos.

El marino, vencedor de marejadas, regresó a su tierra con noticia de agua dulce, pesca y estanques de sal; el rey le concedió un premio.

El marino, vencedor de marejadas, soñó en su vejez con un templo nuevo, un palacio y una vivienda que mirase con nostalgia hacia el oriente.

 

¿Que no te gusta si siempre te han gustado? ¿Qué quieres, Sofía?, ¿qué te pasa? Comed ensalada. Ensalada. Pasi, cariño, se te está cayendo. Cógelo, así. Te está pegando el sol. Vigor, quieto. No es ella, eres tú. Dile algo, Tomi. Vigor. Límpiale anda, ahí le ha quedado un poco. Tira eso. Y tú, límpiate antes de beber. ¿Te lo doy yo? Muy bien, dulce. ¿Quién quiere más zumo? ¿Quieres zumo? Tienes que beber zumo. Energía, para un momento, hijo. Libertad, tienes mojado el bañador, no te sientes en la toalla. Así, bien. Cuidado, ten cuidado. ¿Me quieres hacer caso? Usa la servilleta te estoy diciendo, ¿qué es eso de limpiarse con el brazo? No te pongas de pie, quédate debajo de la sombrilla; así sí. ¿No quieres otro? Tú estás comiendo poquísimo, y eso que dicen que el agua abre el apetito. Vigor, estate quieto.

¿Qué lees? Una novela. ¿Cuál? Una reciente, El mal rostro carmesí del bicho esférico en el corazón salame de Manhattan. Vaya título largo. Va con el libro. ¿Cuántas páginas tiene? A ver… Ocho mil trescientas veintiséis. No lo parece. ¡Cuidado, Libertad!, vigila a tu hermano. Así. Es que usan papel de nanogrosor, ¿ves? Pesa menos y ocupa lo que un libro corriente. Ya. Hay que pasar las páginas con mucho cuidado, como si te quitaras una lentilla, si no, coges más de una. Qué difícil. A veces me he saltado varias de una vez y no me he dado ni cuenta. Lógico. Tiene una ventaja: no se meten los granos de arena entre las hojas. Ya. ¿Y de qué trata? No lo sé, todavía voy por la página ochocientas. Al menos, te habrás hecho una idea. Sí, claro, trata de la vida aproximada de un viajero hasta cierto punto que se tortura porque engaña a su mujer con otra, una espía, e ignora que su mujer le es infiel con alguien que casualmente había conocido a la amante de su marido en un tiempo anterior en que aún no se dedicaba al espionaje; todo lo cual, por el momento, está contándoselo el dicho hombre de mundo a un camarero que, bajo dos o tres nombres en clave –pues se trata de alguien de carne, hueso y algún pasado–, es un escritor que se esconde en ese club para huir de su fracaso, y recibe cartas de un presunto admirador, el único que conoce su paradero y que por lo visto pretende chantajearlo con algo que todavía no se sabe relativo a un sádico sátrapa cuyo nombre no le interesa a nadie, y eso que hizo sus pinitos de incógnito en la ciudad de los rascacielos, ya sabes. Ya sé. Me han dicho que las dos mil quinientas páginas primeras, más o menos, transcurren durante una noche sólo. Qué maravilla. Sí, es un récord, tengo entendido. Luego el resto deriva hacia una saga familiar que se desarrolla a lo largo de todo el siglo xxi, una mezcla de novela histórica ético-sentimental y futurista. Interesante. Sí. Libertad, no te vayas más adentro, quédate ahí. No sé si me dará tiempo a acabarla antes de volvernos. Tú lee, mujer, que yo me ocupo de los críos. Gracias.

 

El sol se derrama sobre los cuerpos, licuado como dádiva y daño.

El disco solar gira su mentira alrededor de una tierra estática. Fermenta la ilusión de mujeres y de hombres.

La estrella más radiante anticipa su ocaso. También un gesto de clemencia es concedido al ser humano en su caída.

 

Vigor, deja en paz a tu hermana. ¡Huy, qué cara! ¿Qué le pasa? Se ha atragantado. Por meterte todo en la boca. Tose, tose. Así. No te pongas de pie, quédate debajo de la sombrilla; así sí. ¿No quieres otro?, con lo bueno que está eso. Comed ensalada. Energía, para un momento, hijo. Libertad, tienes mojado el bañador, no te sientes en la toalla. ¿Te lo doy yo? Muy bien, dulce. ¿Quién quiere más zumo? ¿Quieres zumo? Tienes que beber zumo. Yo te doy pero si tú puedes. Claro, mastica, mastica más ¿eh? Que te lo tragas todo. ¡Vaya pedazo! Oye, que aquí no hay que correr a ver quién gana. Con la servilleta, tienes las manos llenas de arena. Así, bien. Cuidado, ten cuidado. ¿Me quieres hacer caso? Usa la servilleta te estoy diciendo, ¿qué es eso de limpiarse con el brazo? No te pongas de pie, quédate debajo de la sombrilla que te está pegando el sol; así sí. ¿No quieres otro?, con lo bueno que está eso. Vigor, quieto. No es ella, eres tú. Dile algo, Tomi. Vigor.

Buenos días. Buenos días, agente. Por favor, licencia de segunda sombrilla. ¿Qué licencia? Licencia del Ayuntamiento para utilizar una segunda sombrilla en la playa. Nosotros no tenemos licencia, no sabíamos que teníamos que pedir ninguna licencia. Nadie nos ha avisado. Pues es una ordenanza de hace ya tres años. Es que nosotros creíamos que podíamos usar las sombrillas que quisiéramos. Ah, no señora. La ordenanza es que una familia tiene derecho sólo a una. Para la segunda se necesita una licencia. Y eso, ¿cómo puede ser? Señor, ustedes están ocupando más espacio. Ya, porque resulta que nosotros somos cuatro niños y dos adultos. Me doy cuenta, pero no me concierne a mí, perdone que se lo diga de esta manera. La ordenanza es una sombrilla por familia, con independencia del número de personas que la integren. Hombre, agente, el otro día era la licencia para comer, ahora esto. No le puedo decir otra cosa. Si además vamos a estar muy pocos días. El tiempo no cuenta para la ley, señora. … ¿Y dónde se saca? En el Ayuntamiento, me imagino. En las oficinas municipales, todos los días laborables de nueve a una y media en horario ininterrumpido. Son las dos y cuarto. Exactamente. Tienen ustedes que cerrar una de las sombrillas. Por favor, mire el sol que hace, ¿cómo vamos a dejar a los críos a pleno sol? Ya le he dicho que para la ley no cuenta el tiempo. …¿Tenemos que cerrar una sombrilla? Sí, señora. Me parece increíble. ¿Y esto sólo pasa en este sitio? Es una ordenanza nacional, señor. ¿Y esa gente de ahí? A esa gente la voy a saludar ahora, si la han sacado no hay problema. ¿Y si la dejamos abierta? Entonces, tengo que ponerles una sanción; si la abonan, pueden utilizarla por este día únicamente; mañana estamos en las mismas, o sacan la licencia o pueden ser sancionados. No me cabe en la cabeza. Díganme qué van a hacer porque yo tengo que seguir. ¿Y cuánto supone? Ciento catorce con veintiuna. ¡Fiuuu! ¿Qué hacemos? No sé, Sofía, ¿nos marchamos? Pero cómo.

 

Hay en la devastación una forma de calma. La desolación: dulce tristeza de lo inmóvil.

Se hace manifiesta la imposibilidad de aprehender el paisaje como una manzana.

Se tiende dejando al mar respirar en su vaivén. El sol se abre paso, eremita ensimismado sobre la línea sin término.

 

Me gusta el estilo de este poeta chileno. No lo entiendo. ¿Te lo leo otra vez? No me gusta la poesía.

No te sientes en la toalla. ¿Te lo doy yo? Muy bien, dulce. ¿Quién quiere más zumo? ¿Quieres zumo? Tienes que beber zumo. Yo te doy pero si tú puedes. Claro, mastica, mastica. Usa la servilleta te estoy diciendo, ¿qué es eso de limpiarse con el brazo? ¿Te lo doy yo? Muy bien, dulce. ¿Quién quiere más zumo? ¿Quieres zumo? Tienes que beber zumo. ¿Que no te gusta si siempre te han gustado? ¿Qué quieres, Sofía?, ¿qué te pasa? Comed ensalada. Ensalada. Pasi, cariño, se te está cayendo. Cógelo, así. Deja la pala; porque estás llenando todo de arena. Luego juegas. Luego. En cuanto acabéis. Sí. Qué bien come mi niña. Y tú también, cariño. Después os bañáis. Te está pegando el sol, métete debajo de la sombrilla, con lo que nos ha costado. Vigor, estate quieto.

 

Para los niños la playa es un descanso.

Sí.

¿Has visto cómo duermen?

Están rendidos.

Y yo.

¿Quieres una copa?

¿Qué tenemos?

Anís, coñac.

Coñac. Con hielo. Venga, tráelo y yo recojo.

Mira la luna, qué hermosa se ve desde la terracita. Solamente por eso merece la pena pegarse la paliza de venir.

Nos merecemos estas vacaciones.

Sí, pero qué cortas, ¿no?

Cinco días.

Siete.

Contando los dos sólo para el viaje: cinco.

Tú siempre tan pesimista.

Es realismo.

Lo mismo me da.

Me encantaría tener una casa en la costa para escaparnos cuando quisiéramos.

He leído un artículo en el periódico, me ha dado una rabia. Dice que aquí sólo vienen los horteras, lo más vulgar de la sociedad y los viejos del Inserso; y que todo está masificado.

Seguro que el que lo ha dicho veranea en una calita del norte bien escondida, en un hotel de cinco estrellas. Qué listo.

¿Tú crees que nosotros somos horteras?

No.

¿Somos lo más vulgar de la sociedad?, porque viejos todavía no.

Eso puede; tú al menos.

¡Eh, qué graciosa!… Me gusta cuando estás de buen humor.

Siempre estoy de buen humor.

Cuando haces chistes.

Es porque estoy relajada. Y mira que me canso con los niños.

Eh, yo tampoco paro.

Son tus hijos.

No hace falta que me lo recuerdes.

Perdona.

Ya te dije que, si querías, venía solo con ellos; no te he obligado.

Era eso o nada.

No es culpa mía.

Ni mía.

¿Preferirías haberte ido con tu ex y tu hijo?

Ya sabes que no. ¿Por qué no lo dejamos?

Me duele que hables así. Nadie te pide que lleves una carga que no te corresponde; te agradezco lo que haces porque lo haces como si fueras su madre. Pero, por favor, no te lo cobres.

No me estoy cobrando nada, sólo digo las cosas como son. Y vamos a dejarlo, te he dicho. Hace un momento estábamos hablando de la luna y ya estamos discutiendo. Es que no podemos estar tranquilos.

Lo siento… ven, anda, recuéstate en mí. Qué malo este coñac.

Es el de siempre.

Se le habrá metido el sabor a sal.

Exagerado.

Sofía. ¿Tú me quieres?

¿A qué viene eso ahora?

Responde.

Claro que te quiero.

¿Sabías que las parejas discuten más en verano porque conviven más tiempo; y luego, al volver de las vacaciones, muchas se separan?

¡Qué lástima!

A nosotros no nos está pasando. ¿Tú crees que duraremos?

No me gusta la palabra “durar”, parece como si hablaras de una batería.

Yo necesito que nuestra vida sea estable. Y también los niños.

No me gusta que mezcles las dos cosas. Yo estoy contigo por ti.

Ya lo sé. A mi me gustaría que pudiéramos ir a otros sitios, y más días… Hay tantos lugares por conocer.

Todavía le estás dando vueltas a ese artículo. Olvídalo.

Tú sientes que nuestra vida es un fracaso, ¿verdad?

No.

Reconócelo. Un coñac penoso, en un apartamento pequeño, sólo unos días en este sitio lleno de fracasados.

No hables así. Nos tenemos el uno al otro, tienes tus hijos que te quieren y los estás criando bien.

Los estamos criando bien.

El resto qué importa. Te has puesto triste. Te has puesto triste, mi amor. ¿Por qué?

Perdona, soy un idiota. Sí; además las cosas van a ir bien. Lo presiento.

 

 

Javier Sáez de Ibarra trabaja en un instituto donde imparte Lengua y Literatura. Autor de numerosas antologías, sus estudios y reseñas aparecen en revistas como El Buen Salvaje, El Cuaderno, Quimera o Turia. Es el editor de la obra de Hipólito G. Navarro, El pez volador (2008). Ha publicado el poemario Motivos (2006) y los libros de cuentos: El lector de Spinoza (Páginas de Espuma, 2004), Propuesta imposible (Páginas de Espuma, 2008). Relatos suyos se recogen en las antologías de referencia más recientes y han sido traducidos al inglés. Su obra Mirar al agua. Cuentos plásticos (Páginas de Espuma, 2009) obtuvo el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, y por Bulevar (Páginas de Espuma, 2013) el XI Premio Setenil al mejor libro de relatos del año. Fantasía lumpen es su nuevo libro.Preliminares es la sección donde anticipamos libros que se publicarán en breve, Adelantos que sirven como Preliminares del gozoso acto de encuentro con los lectores en forma de libro, donde la experiencia de lectura se torna verdaderamente material.

Por entregas es una nueva sección que, siguiendo la estela del folletín, alberga piezas publicadas de modo seriado.