La pausa parece ya una quimera. La aceleración imperante desdeña las pausas, las cuestiona, las critica, las persigue. Pero las pausas son fundamentales. Intervalos que podemos dedicar a la reflexión, terrenos del sosiego donde pasan, en realidad, todas las cosas. Porque las cosas, ¿pasan cuando pasan o cuando podemos reflexionar sobre lo que ha pasado? Javier Sáez de Ibarra prosigue con su novela por entregas, uno de los buques insginia de penúltiMa.

 

Las almendras eran de lo mejor sólo me había tomado una y poco y ya había visto la sombra del elefante. Guardé para los coleguitas en casa de Tomi a ver el partido. Charli, Jiménez creo que Javi etcétera todos. Jime me abrió la puerta, me descubrió un abrazo: No cambias cabrón. Qué risa agarrados como un baile por poquito no nos caemos. Pasamos.

Saludé, me tiré al sofá casi me quedo dormido de golpe. Eeeeehhh las cervezas encima la mesa, qué pasa tú, qué pasa tú. Choca. Cuándo empieza esta mierda. Qué dices. Porque no juegan los suyos ya dice que es una eme… Octavio entra a todas. Jiménez y yo nos partíamos. ¿Las chicas han salido? Se han pirado al cine. Y a cenar. Hacen bien se libran de nosotros… Ellos habían traído las suyas yo me acordé de Yolanda la pena. Joder. No importa. Qué pasa Tomi oye colega que gracias. Calla, dime qué quieres. Empezar con una birra. Pues ahí hay. Vale tío. La verdad que iba todo contento luego me puse con sueño luego triste y ahora me levantaba el ánimo verlos a todos. Échate allá que me estás apretando. Tú que los tienes enormes. Me callé para no ser grosero me emboquillo la cerveza qué rica fresquita.

No oigo el partido todavía los anuncios levanto un ojo, escucho de qué están hablando. A Charli lo han despedido por sacudirle a un jefe. Cuenta que lo quería obligar a quedarse dos horas y dijo que nones, el jefe le dice tendremos que prescindir de sus servicios hay compañeros que hacen un sacrificio por el bien de la empresa que es el bien de todos vosotros porque vamos juntos en esto y la nave común, no sé qué porquerías. Y Charli que el contrato dice cincuenta y dos horas, ni una más. El jefe que un contrato es flexible, manda la economía, no sabe la economía de horarios cuando vienen mal dadas, Charli que es un pesado patatín patatán. Charli es un rojo de aquellos que no callan nunca etcétera qué le costará dejarlo pues él no. Y el jefe que ya se pone con lo personal (es que al Charli no lo conoce por ese lado) que otros están casados. Entonces le suelta yo no he pisado el juzgado, soy trígamo, tengo dos pibas a mi disposición y una amante porque siempre estoy insatisfecho conque vea si tengo que atenderlas porque no se han ganado un empleo, ya ve qué suerte, encima mis ocho hijos. Mentira que se maneja con la Lucía desde que era un palmo y tienen sólo a Nicolás. El jefe dice Charli que se queda blanco sin saber responder… y corre para consultarle al jefe dos o al jefe tres: como funcione, el Charli coge la puerta y se larga.

Jiménez se ríe de lo de trígamo que ha dicho me contagia, oímos mal la historia de Charli. Levanto la voz y le pregunto te han echado del curro o no. ¿No te estoy diciendo que sí, joder? Se enfada no sé por qué, si no le gustan las almendras que no tome pero que deje a los demás vivir en paz siempre moralizando el tío. Me vuelvo con Jime. El jefe luego que bueno la empresa goza una reputación no sólo económica con sus clientes bla bla bla la honestidad de los empleados. Y el Charli viendo todo perdido le encaja una hostia en medio los morros. ¡Qué bueno brillaste, Carlitos!

A mí otro tanto: que saliera más tarde me dice el andoba. Y yo, que tenía mis aficiones. El jefe que él no entraba en lo personal, y yo cómo que no es personal quitarle a uno de su tiempo. Hay quien se va a su casa o se va de putas en sus ratos, pues yo pinto, que usted qué. Esta gente se cree que no hay otra vida que la que nos dan. La cosa se está poniendo de vergüenza. ¡Bueno! Grito vamos a ver el partido o qué que ya ha empezado joder. Me cansan un poco sus rollos de siempre. Tomi me dice tranquilo Osquítar y yo vale que vale me tomo mi cerveza. De reojillo veo al elefante. Sé que hablan de mí.

Están jugando bastante mal ni tiran ni nada, mucho pasecito. Le digo a Jime que por qué no dan el del Rácing. Eso, eso. Si estos son unos matados. De qué vas tú, entendido. Déjame listo. ¡Huuuuuuy! fuera por poco. ¿Hay otra fría?

Pacheco está acabado, no mete uno desde el bautismo de su hijo mayor. ¿Y Vázquez? No vale un pimiento. Pues yo te digo que es uno de los mejores cerebros que ha dado el fútbol en la última década. Un cerebro no vale de nada sin las piernas y ese gallo no corre ni padiós. No necesita correr, ¿no ves que él organiza el juego? ¿Eso es organizar? Si falla todos los pases. ¿Tú entiendes algo de esto? Consiste en meter la pelota en esa estructura de madera, ¿sabes? ¡Huy, estructura!, qué técnico. A ver, qué hablas de Vázquez. Vázquez es el amo. ¿A ti qué te parece? Ha perdido, Jime, ya no corre tanto. Tenían que haberse ido a Bulgaria, que le ofrecían una pasta. ¡A Bulgaria! No juega nadie en Bulgaria. Pues al Polo, menos aquí. Etcétera. El problema es que el míster juega con dos pivotes y se estorba con Marlotti. Marlotti estorba hasta a su costilla en la cama. Sólo sabe dar patadas y parar el juego, a la suya seguro que le gusta porque lo hace despacito. Javi que no… Vázquez tenía que jugar más adelantado, mira, mira ahora. Ya la han perdido, qué te digo, un contraataque, a que, a que; no te digo, ya la han colado, ¡gooooool! No me jodas: Charli. Octavio se levanta, levanta los brazos, pasea y le mete un beso a Charli en la boca cabrón le empuja se cae y Octavio gol y gol. Llegan los chicos de Tomi qué pasa qué pasa, gritan con él. Octavio los abraza, hace que griten gol todos juntos. Charli tiene buen perder, Tomi le pasa una birra y se ríe: diles a esos mocosos que no les traigo más patatas fritas como no se callen ahora mismo. Octavio los anima, Gooool ya más bajito susurrando que hace más gracia. Tomi se levanta y les pide que se larguen, Octavio con ellos en cuclillas ssssshhhhh sssshhhhhh goool gol, qué cabrón qué bien se lo monta. Uno-cero. ¡Os vamos a meter una paliza!

Estos tíos lo que pasa es que salen acojonados al campo, dime, cuántas jugadas de ataque llevan, ya te digo que Vázquez no está para organizar el juego. Si no es él, la culpa del entrenador que tenemos, menudo cagado. Llega y cada vez que jugamos con vosotros, retrasa a Müller, así no hay manera de hacer nada. Mira a Velasco, solo, solo todo el partido. Mira otra vez, mira ¡Aaaaayy!!! Otra vez igual. Os van a caer cuatro, lo que yo te diga. Qué sí, qué sí, que tenéis razón. No hacemos nada jugando de esta forma. Mira, mira, uf, menos mal, ¡me-nos-mal! Están crecidos, no hacemos nada nosotros y estáis crecidos. No me extraña. Lo que pasa es que nosotros con Chirro y Garcés somos superiores. ¿Con Chirro y Garcés? ¿De qué vas? Vaya par de mantas los dos. El único bueno arriba es Núñez que por eso ha marcado y lleva no sé cuántos ya en la liga. Cuatro. Pues eso mismo. Garcés no hace nada. ¿No hace nada y le ha metido ahora mismo un pase a Villa que era casi gol? Garcés es como Vázquez. ¡Anda, vas a comparar! Pues sí voy a comparar, Vázquez es mejor y siempre lo ha sido. Si acabas de decir que no vale nada. Ahora, pero Vázquez sabe; quien tuvo, retuvo. Quien tuvo retuvo, si nunca tuvo nada. Garcés es titular en su selección, pues por algo será. Porque no hay nadie más en ese puesto. ¡Uuuuuuyy! Ha rozado el palo. No hay quien lo aguante. Han ido a jugar sin ganas, no dan un pase a derechas, no atacan. No. Y ya verás tú, en este córner nos cae el segundo. ¡Gol! ¡Goooooool! No te digo. Quién lo ha metido, quién va a ser, otra vez Núñez. ¡Golo golo golo goloooooo! Y los chicos de Tomi que han llegado gritando también. Dos, dos. Due due. Señal de victoria. Hacen un corrillo de indios, brincando y saltando.

Me incorporo, cómo van le pregunto a Jime. Dos–cero. Joder tú avísame. Miro a Charli que se ha puesto pálido ¿qué pasa Charli? Déjame en paz, tú a lo tuyo. Me río de él. Dos ¿no? Y van a ser tres te lo digo yo que tengo el poder de la adivinación. Si no estás mirando a ti qué más te da. Yo voy con el equipo que gana… yo soy un ganador. Osquítar, vete a coger trufas con el culo. Jajajajaja miro a lo alto veo al elefante con la trompa alzada la pasea majestuosa qué buena suerte vamos a tener, su trompita azul fuerte que gira y gira. Me dan ganas de ponerme de pie y decírselo; aunque sé que no debo abro bien los ojos el espectáculo para mí. Soy muy muy feliz por este momento. Canto hacia mí una canción que sé desde hace mucho. Hago algo de ruido, Jime me toca. Soy muy feliz dentro de mí soy una persona buena, veo mi fondo honrado y no tengo ninguna culpa de nada, todo lo he hecho muy bien si me he equivocado en alguna cosa ha sido sin intención, ahora lo veo claro es un mundo de claridad y limpieza, me salen las palabras con facilidad, no palabras sensaciones que son como palabras que aparecen. Yolanda por ejemplo, sé que está bien que tendrá un buen recuerdo si la hice sufrir nada irreparable, ella sigue en su vida y yo sufro, aunque sufro es como un hombre soy limpio estoy limpio, ahora puedo salir de aquí y decir lo que quiera decir la verdad. Abrazar y querer a los chicos de Tomi. Puedo querer a Jime y a Tomi si quiero al mismo Charli aunque sea como es y a Octavio, etcétera. El elefante indio me ha saludado me ha saludado me quiere también porque soy un hombre puro, el más puro de todos los que estamos aquí el más puro no digo el más listo ni el más bueno, me he purificado por la visión y después del dolor no haré nunca más daño a nadie. A Yolanda pues bueno ni siquiera iré a pedirle perdón para que no se enfurezca ella sabe que la he querido, bueno que la quiero, que le he dado lo mejor porque yo tengo corazón. Y ya no es por las almendras es que lo tengo.

Descanso. Tomi se ocupa de sus hijos, les lleva bebidas y algo para picar. Los amigos se distienden, se levantan por turnos, van al baño a echar la cerveza, se quejan o presumen del resultado, tantean conversaciones nuevas, vuelven a saludarse como si durante ese tiempo no hubieran estado juntos… uno de ellos, Octavio, va hasta el dormitorio a arreglarle el reloj despertador. Tomi se lo había pedido: no sabe nada de mecanismos, es el ser humano más pretecnológico que pueda imaginarse (en realidad, va porque Tomi lo ha estropeado con su impericia, su prisa y su mala leche). Cómo será que hasta la dice: créeme Octavio, conmigo las cosas son unas hijas de puta. Ya, ya, le comprende su amigo. Los aparatos me odian, conmigo se tiran, te lo juro. Y su amigo se ríe. Osquítar duerme derrumbado sobre el brazo del sofá. Charli lo mira sin compadecerse, un gesto a Jiménez, que este endulza para disculparlo. “Yolanda, todavía”, musita. Ella, inquiere Charli, intentó matarse, ¿no es así?, por causa… Y Jiménez severo asintiendo, “por eso”… Javi ha desaparecido en la cocina, abre una botella, curiosea en la nevera como si la hubiera heredado. Paco sale de la casa al rellano en la compañía de Carlos a fumar. Dan la luz de conspiradores en el esófago del edificio, intercambian en voz baja confidencias porque el ambiente, ese ambiente íntimo no autoriza a algo menos. Están todos contentos de que Tomi los haya invitado a su casa, como entonces, cuando vivía con Rosa; como siempre. Hace que sean ellos mismos, consigue que se hagan amigos unos de otros, incluso que puedan dejar de serlo durante un tiempo y reconciliarse en la nueva invitación. Osquítar y Charli, Jime y Octavio… así otras parejas de desavenidos tanto como de cómplices. Les gusta que el partido se interrumpa; es una excusa el fútbol en realidad, no tiene importancia, o bueno… Los que hablan ahora de la táctica del 4-4-2 y del 4-3-3 arrostran una conveniencia y se ponen perdidos en ella… Para la segunda parte cunde otro ambiente, menos formal, menos deportivo, menos tenso; las cervezas y la sinrazón, los diálogos obtenidos, la camaradería de varones, la ausencia de las mujeres, el retumbo por entre ellos de su marcha lo condicionan…

Rueda la pelota por el cielo de la televisión, rueda también por las órbitas de sus ojos, en las manos que recogen los vasos y en los pies quietos sobre la alfombra que a veces se tocan sin que se den cuenta. La esfera como la bola de un lotero, decidiendo en su rodar el destino para cada cual.

Estos no le meten un gol ni a un ciego. Tranquilo, no pierdas la fe que aún empatamos. Estás loco. Como no saque a Marcelinho. Está lesionado. Cojo y todo juega mejor que Van Toldo. Van Told. Eso digo, Van Toldo. ¡Otra vez! Es que no trenzan nada. Así no puede ser, no corre ninguno la banda, ¿es que no lo saben hacer mejor? Vaya panda mataos. ¡Aaaayyyy! ha estado cerca. Qué cerca ni nada, si se ha ido por tres metros. Mira la repetición, mira, mira, qué malo, su puta madre. En el pie tiene un plátano. ¿Cuánto queda? Si ha empezado ahora. Es que desesperan, de verdad. Yo ya me he aburrido. Bueno, pues déjanos disfrutar, que todavía os metemos un par más de golitos. ¡Uuuf!

¿Y qué me decís del nuevo horario? Lamentable. Otra sinvergonzonería. Os lo dije, ¿no os acordáis? Ya os dije que se estaba tramando y no me creíais. ¡Ay! Por poquísimo, ¿veis?, ¿veis que todavía podéis hacer algo? Pero ¿quién ha sido el cerebro al que se le ha ocurrido eso? Es una directiva mundial. Y aquí los primeros tontos en aplicarlo; para hacer méritos. ¿Cuándo se aplica? En enero ya. Que cambian el cómputo de las horas, ¿no? ¡Qué cómputo dices tú! Que de nueve a once de la mañana las horas ya no son de sesenta minutos, sino de setenta y cinco; y de cinco a siete de la tarde igual. ¿De qué te ríes, no te habías enterado? Qué va. Tú vives en otro planeta, tío. Y cómo se recupera ese tiempo. Pues en las horas de dos a cuatro del mediodía, y de diez a doce de la noche. Esas se quedan sólo en cuarenta y cinco minutos. Entonces no son horas normales. Es que ya no habrá “horas normales”; se han creado horas de tres tipos. Mira, mira, mira ahora, pásala, pásala. ¡Gol! ¡Bien, Cholo, bien! ¡Gooool, gol! Dos a uno. ¡Gooool, os lo coméis! Ahora sí, ahora sí que tenemos alguna opción. Qué dices eh, qué dices ahora. ¿Qué ha pasado? Tú sigue durmiendo, Osquítar que ya empatamos. Mentira, ¿Mentira? Abre los ojos y mira cómo lo repiten. Ha sido fuera de juego. Tus cojones. Un golazo. Ha sido fuera de juego… Pues no lo ha pitado. Que no lo pite es otra cosa… Dos a uno, dos a uno, ¡vamos!, ¡¡¡vamos ahora!!!! A remontar.

Entonces, ¿qué estabas diciendo lo de las horas? Nada, pues eso, que de esta forma las horas laborales aumentan, pueden sacar hasta una hora más todos los días. Aparte de las extras. Hombre, claro, una hora más de trabajo sólo por el cambio horario no se cobra. A mí me parece bien. ¿Que te parece bien? Si ayuda a sanear la economía y a que seamos más competitivos. Tú, tío, debes de ser gilipollas. Que no te enteras, ¡que te van a clavar una hora más trabajando, por nada! Y te lo van a quitar de tu tiempo libre. Qué tiempo libre, si yo no tengo tiempo libre. Déjalo que es un burro, a este le encanta trabajar. No me encanta, pero si se tiene que hacer se hace, qué hay de malo en ello. Nada, nada. Que te explotan y tú te cagas de gusto. ¡Expulsión! ¡Toma! Expulsión, y merecida. Sí señor, esa entrada merece tarjeta roja, expulsado, sí señor. Ese árbitro tiene lo que hay que tener, echar a un cerdo de estos en su campo. Oye, sin faltar. ¡Tú has visto la entrada! A la calle con él, bueno, a ver de qué sois capaces ahora contra diez, que ni con la ayuda del árbitro, qué ayuda, si ha sido criminal lo de ese tío… Etcétera.

Ahora sí que corren, mira cómo están corriendo ahora. Hay más espacios. Hay partido, hay partido todavía. ¿Queréis otra? Yo sí. Yo también. Tráeme una, gracias Tomi. Y yo. Te ayudo.

No he querido decir nada delante de los otros. Se cierra nuestra franquicia. ¿Y entonces? Se caen varios jefes, y encargados, y empleados casi todos por no decir todos. Nadie tiene ni idea de qué va a pasar, yo confío en que no me trasladen. Estate tranquilo que hago lo que pueda por ti. Hombre, Carlos, tú conoces mi situación, tres criaturas, otra en camino… Lo sé, lo sé.

Joder…

No te preocupes. Algún contacto va a haber. Seguro que en Salamanca abren algo, eso vienen diciendo. Si sale, estás el primero… Gracias, hermano.

… … … … … … …  ¿Sabes? Pensaba el otro día cómo iría alguien a contar esta vida nuestra tan miserable. ¿Cómo miserable? Sí, tan triste. Sin trabajos buenos, sin dinero, las familias destrozadas algunas de ellas… Tanto proyecto jodido. Siempre surge algo cuando parecía que iba a derrumbarse, ¿o no?, y aquí aguantamos. Lo digo en serio: cómo contaremos a nuestros hijos estas vidas nuestras. No te pongas épico. Habría que contarlo con desdén. No te entiendo, di. Eso. Con desdén. Etcétera. … … … … … … …

El paquidermo azul hace rato se volvió invisible, su cola larga se ha deshecho la última volando sola, enredada en la lámpara, chupándose la cola, un dolor de cabeza insoportable y no sé por qué más. ¿Y qué? ¿Cómo siguen? Dos–uno. ¿Cuánto queda? Ocho. ¿Minutos? No, horas si te parece. Acaban así. Vamos, por lo menos otro y empatamos en casa de estos. Ni lo sueñes. Tú duerme que te hace más interesante. ¡Aaaaaaaay! Por qué poco, qué suerte habéis tenido, suerte, nada, que Cazorla no sabe tirar. Maldita sea. Vamos, que lo tenemos en la mano, Carlinhos, joder, que te pesa el culo, corre a esa pelota. Eso, Esteban, eso, ahí, pasa, pásasela a ¡papá! Pásasela a Carlinhos, ¡Papá! Dásela ¡Papááá! ¡Voooyyyy! Tira. Uuuuuuuy. Poste, ¡al poste! Me cago en la mar, poste, tenía que haber entrado, joder, tenía que ser gol. ¡Papááááááá! ¿Qué pasa? Vigor me ha pegado, dile a Vigor que venga, no quiere. Dile que venga ahora mismo. Bueno, ya voy. Déjalos, Tomi, que quedan cinco minutos. Me tienen harto, la verdad. Habéis visto el poste, ¿no? Si no habéis metido esa ya nada. Si estamos atacando sin parar desde el principio. Desde el principio no, desde que han echado injustamente a Cotillo. De injustamente nada, que lo ha embestido… Y así.

Vigor, ¡castigado! Está mintiendo, yo no le he hecho nada, le he tocado así nada más. Castigado. Por qué, porque te da la gana. Sí, por eso. Pues porque te da la gana no es justo. Estás viendo el partido con tus amigos y yo no he hecho nada. Sí, me has dado: aquí, y me duele, Vigor, vete al cuarto de baño. Bueno, pues me voy, a mí que me importa. Antes pides perdón a tu hermana. Esa no es mi hermana, ¡he dicho que le pidas perdón a tu hermana! Mi hermana de verdad es Libertad. ¡Vigor!… Y se va riendo al cuarto de baño, pensando aventuras con las esponjas, la loción, las cremas, con cualquier cosa. Aunque le apague la luz. (Él tiene una linterna, escondida…)

Nico, ¿y tú no has hecho nada? Yo no, papá. Vete a jugar con ellos y que no se quejen de ti. No, papá. Vete, vamos, ¿Qué ha pasado? Nada, perdiendo tiempo hasta que pite el árbitro. Qué cerdos. Eeeeeh. Somos uno menos y qué quieres si vamos ganando… ¿cuánto queda? Tienen que añadir lo menos cinco minutos, se ha perdido un montón. Sí, hombre. ¿Que no? La expulsión, los cuatro cambios que ha habido. Ya, ya, vale, o sea que tenéis miedo de jugar contra diez. No es miedo, son las reglas ¿o no? ¡Ay, no chupes, joder! ¡Pásala! Bueno, es que no oye, está negado hoy este.

Final. ¡Mierda! ¡Eeeee-oooo-eeeee-oeeeee-oooeeeoeoooeeee!! Choca esa birra. Dos a uno y porque echaron al negro que si no os caen tres. Seguro, lo que tú digas. Habéis llegado dos veces y habéis marcado, de jugar al fútbol ni idea. Bueno, claro, vosotros sí que habéis jugado. Un poste. Un poste y qué, haber apuntado mejor. Eso no es jugar bien. Vale que sí. No le piques. ¿Yo estoy picado? Este que no entiende de nada. Sólo le importa el resultado. Va a ser eso, sí. Etc.

Bueno, ¿y entonces? A por el cuarto crío, Tomi, tú si que estás chiflado. Los hijos son la riqueza del proletario, ¿no lo has leído? La fuerza del que no tiene nada. Esa panda de mocosos, ¿se refiere a ellos?, esos chicos que han estado dos horas comiendo cortezas y gusanitos y tomando refrescos en la habitación de al lado. ¿Qué hora es? El pequeño por lo menos tendría que estar acostado ya. Voy a acostarlos, se levanta Tomi responsablemente como si me hubiera oído. Si tendríamos que pensar en largarnos, en cuanto lleguen estas. Joder si tardan, ¿no? Oye, que el partido se ha acabado ahora mismo, ¿tienes prisa? Es por no escuchar las ideas de Tomi. Duérmete como el Osquítar. Eh, os estoy oyendo, lo que pasa es que no quiero abrir los ojos. ¡Será cerdo! Para lo que puedo ver… ¿cuántas te has tomado?, yo estoy hecho polvo. Verás la Sonia cuando te vea; y a ti, Daniela. Ya me conoce. A ver cómo vienen ellas ¿o es que las mujeres no beben? Vigor está saliendo del baño, tiene la cara imposible de un castigado que se ha divertido y ahora la pesa el sueño y la derrota del padre. A la cama, tengo hambre, a la cama, es que quiero comer. Bueno, qué quieres, patatas, no, patatas no, un colacao y unas galletas. Vale, pero me lo pongo yo. No, que lo llenas mucho. Que pongo poco, voy a acostar a tus hermanos, no te pases ¿eh? Yo te ayudo. Gracias Charli. Y le doy otro a Nico. ¡A mí no me apetece! Vamos los tres. ¡Niños, a lavarse los dientes y a dormir! ¡Nooooo! Si yo me los he lavado, ¡mira! ¡Vamos, he dicho! Haced lo que os mande papá. ¿Recogemos esto? Hombre, pues sí. Que lo recoja Javi, que es el más guarro de todos. Eh, no verás ni una colilla, y las botellas mías las he tirado. Bueno, levantaos y lo limpiamos entre todos. Esto es lo malo de las fiestas, la postfiesta. Serás vago. Óscar, aparta un poco. Joder, tíos, esta vez yo creo que nos hemos bebido cincuenta. Habría que dejarle algo de pasta a este hombre. ¿No? […]

Varios adultos varones derrumbados sobre el sofá, los sillones y la alfombra como monos en una jaula. El que todavía porfía por el partido que han visto y el somnoliento, los dos que hablan de otras cosas sobre las que conversaron antes. Y los que callan: no es el momento, además es tarde, por otra parte, después de un partido, y a punto de llegar las mujeres. De ahí se levanta un silencio que no se califica fácilmente, o trazas de inspiración. Hasta las malas palabras que acostumbran desisten de aparecer. Tendrían que resurgir las señoras de una vez y resolver lo que resta. Todos ellos lo están esperando, incluso los que carecen de pareja en este momento y no tendrán a la que abrazar cuando lleguen. Unos niños duermen, los de la casa y los invitados, a excepción de dos que charlan acostados en la misma cama de secretos, estos sí, que no necesitan de protocolo ni miramientos. Las horas de sesenta minutos tienden su paso (para los fines de semana no habrá cambios horarios significativos…), de manera que el sábado casi llamando a las puertas del día del Señor se agota, se entrega y desfallece… dan las doce. Ha habido que sacar los licores, momento remanso del whisky, el ron moreno y los combinados. Óscar se ha incorporado y ofrece unas “almendras”; nadie lo increpa, todos rehúsan. Óscar se sientatumba con el bolsillo vacío, vacío se hace el callar, toman de sus vasos largos, los buenos, que Tomi les ha repartido. Aunque están agotados, saben que lo quieren por buen anfitrión, por pobre y bienintencionado; nadie dice nada. Es lo peor el fin de la fiesta cuando se sigue más allá del límite, con las comparaciones odiosas y la evaluación inconsciente que cada cual hace de sí y de los otros, una taimada culpa que aflora en cuanto uno se confía. Por destruidos, por llegar al final, por haber hecho todo lo posible y ser insuficiente, por no estar con la mujer, por no haber hablado, por recordar que ella preguntará luego en casa: ¿qué tal ha ido?, ¿cómo se encuentra fulano?, ¿mengano no estaba enfermo? Y no sabrán bien qué decir, ¿para que os reunís? Déjame en paz que estoy cansado. Cómo sois los hombres. Aún puede que el invitado más lúcido se arranque a contar unos chistes o haga el recuento y diga, falta este amigo, y ocupe en referirse a él ese tiempo de todos los presentes. Esto así ocurre en ocasiones, y aunque cada quien lo sabe, dejan que se repita. Charli se apoya en Octavio, Carlos, que casi no ha abierto la boca en toda la noche, se recuesta en el que tiene más cerca. Tomi piensa. Óscar discierne algo que ha trepado por la pared de enfrente. Uno le da a otro un manotazo, se ríen un poco. A otro más se le va la cabeza ingobernable. Todavía se afirman, yo así no paso un control de alcoholemia. Ni yo. Pues al final de Obreros y Estudiantes suelen ponerse, cuidado. Me voy por la otra. Bueno. Tenemos que quedar más veces, ¿eh? ¿Y estas mujeres?, seguro que se lo han pasado mejor que nosotros. A saber dónde han ido. ¿No te lo ha dicho? Pues claro que sí… A ver si llegan, se les ha ido la hora. Lo habrán pasado hablando y. Que vengan de una vez que se hace tarde.

Eso mismo. Las mujeres abren la puerta, la primerita, Molly; todavía contándose cosas en voz baja, entran sin encender la luz, sin hacer ruido con los tacones para no despertar a los niños que –ojalá, desean– los habrán acostado ya (¿?). Pasan en fila, los ven y ahora se acaba la historia. Sí.

 

Javier Sáez de Ibarra trabaja en un instituto donde imparte Lengua y Literatura. Autor de numerosas antologías, sus estudios y reseñas aparecen en revistas como El Buen Salvaje, El Cuaderno, Quimera o Turia. Es el editor de la obra de Hipólito G. Navarro, El pez volador (2008). Ha publicado el poemario Motivos (2006) y los libros de cuentos: El lector de Spinoza (Páginas de Espuma, 2004), Propuesta imposible (Páginas de Espuma, 2008). Relatos suyos se recogen en las antologías de referencia más recientes y han sido traducidos al inglés. Su obra Mirar al agua. Cuentos plásticos (Páginas de Espuma, 2009) obtuvo el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, y por Bulevar (Páginas de Espuma, 2013) el XI Premio Setenil al mejor libro de relatos del año. Fantasía lumpen es su nuevo libro.Preliminares es la sección donde anticipamos libros que se publicarán en breve, Adelantos que sirven como Preliminares del gozoso acto de encuentro con los lectores en forma de libro, donde la experiencia de lectura se torna verdaderamente material.

Por entregas es una nueva sección que, siguiendo la estela del folletín, alberga piezas publicadas de modo seriado.